Jorge Bergoglio, de 88 años, se presentó desde el balcón del hospital, trasladado por una silla de puedas. Levantó el pulgar y saludó a los fieles que se habían reunido frente a las instalaciones en muestra de su apoyo.
“¡Gracias a todos!” dijo a la multitud. Antes de retirarse se dirigió a una expectadoradora: “puedo ver a esa mujer con flores amarillas, bien hecho”. El argentino enfrentó dos crisis respiratorias que pusieron en riesgo su vida, manteniendose bajo observación por la gravedad de la infección.
Al abandonar la clínica, el argentino se desplazó en la parte delantera de un vehículo desde donde saludaba a los periodistas. Utilizaba una cánula nasal que le Suministra oxigeno.
Luigi Carbone, médico personal de Francisco, explicó en una conferencia de prensa que el papa podrá retomar sus actividades habituales, siempre y cuando mantenga un ritmo de recuperación progresivo. “Si sigue con el avance lento y constante que ha mostrado hasta ahora, podrá volver a su agenda habitual”, señaló.
