Está cuadrapléjica, lleva tres años sin control médico y no logra que una ambulancia la traslade a Salta

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Desde el 19 de noviembre de 2024, Celina Padilla trata de llegar desde su pueblo, Copo Quile a 5 km de El Potrero y a 40 km de Rosario de la Frontera, a la ciudad de Salta. Ese día, Celina turno en el Centro de Rehabilitación para ser sometida a un nuevo diagnóstico que le permite acceder a las sesiones de fisioterapia. Esta mujer de tan solo 48 años, madre de una nena de 13 y esposa, tenía una vida normal. Entre la casa, el trabajo, la escuela de su hija, cuando comenzó a sentir algunos síntomas que la hicieron visitar un médico.

Desde el 19 de noviembre de 2024, Celina Padilla trata de llegar desde su pueblo, Copo Quile a 5 km de El Potrero y a 40 km de Rosario de la Frontera, a la ciudad de Salta.

Ese día, Celina turno en el Centro de Rehabilitación para ser sometida a un nuevo diagnóstico que le permite acceder a las sesiones de fisioterapia. Esta mujer de tan solo 48 años, madre de una nena de 13 y esposa, tenía una vida normal. Entre la casa, el trabajo, la escuela de su hija, cuando comenzó a sentir algunos síntomas que la hicieron visitar un médico.

“Se me adormecían los brazos, no los podía levantar, comenzó a costarme movilizarme y fui al médico. Primero en el hospital Del Milagro, ahí sospecharon que algo no andaba bien y me derivaron para el San Bernardo, donde a través de una ecografía vieron que tenía un pequeño tumor en la zona de la columna. Me operaron y todo salió bien. Después me mandaron a la casa para que termine con la recuperación”, recordó la mujer, que se comunicó con El Tribuno, desde su cama.

Celina Padilla tiene la obra social Incluir Salud, y en su caso la cobertura que tiene es menos que lo indispensable. Debe usar pañales, que no tiene; debe hacer fisioterapia y kinesiología que no recibe; debe tener controles médicos. El último fue hace tres años. Su incapacidad para movilizarse requiere de que la asistencia médica y social llegue a su casa, situación que no se da desde hace años.

Además de la falta de controles médicos que incluyen básicamente análisis de sangre y tomografías para ver cómo está el control del tumor extirpado, Celina ya perdió cuatro veces consecutivas la posibilidad de llegar hasta el Centro de Rehabilitación de la Ciudad de Salta, desde noviembre al 19 de febrero pasado.

“Cada vez que consigo el turno y tramito la ambulancia, ya sea del hospital de Rosario de la Frontera, como del hospital zonal de El Potrero, el día antes me avisan que la ambulancia está rota. Siempre se rompe un día antes de que me tengan que trasladar a mi. Realmente vivo en un estado de abandono por parte de salud del Estado”, expresó con dolor esta mujer, que cuenta con el acompañamiento de su esposo para poder hacer actividades de rutina como higienizarse, comer o simplemente cambiarse de ropa.

Una postergación tras otra

Celina tenía turno el pasado 19 de noviembre para su consulta en el Centro de Rehabilitaciones de Salta. El día antes le dijeron que no iban a disponer de la ambulancia.

La mujer logró un nuevo turno para el 17 de diciembre de 2024, nuevamente, el día antes, le llamaron para avisar que no la pueden llevar. Que se dispone de una sola ambulancia, y que si surge una urgencia no hay como asistir.

El nuevo turno fue para el 14 de enero de 2025, nuevamente sin ambulancia.

El último fue este 19 de febrero, donde el 18 fue informada que la ambulancia está rota.

“Nuevamente me comunique con el Centro de Rehabilitación y me dijeron que ya no me puede reprogramar, porque suspendí muchas veces el turno. Que en todo caso, una vez que venga en camino a Salta, avise y me dan un sobreturno”, contó amargada Celina.

“Las pocas veces que pude ir al Centro de Rehabilitación y luego recibí tratamiento, fue tan distinta mi vida. Ahora no puedo ni ir al baño, porque no me muevo. Tengo que tomar laxantes para poder mover los intestinos”, contó Celina, en medio de esta situación de abandono.

Otras necesidades

Entre de las necesidades, para poder tener una mejor calidad de vida, también requiere una silla de ruedas que esté adaptada a su cuerpo, en este caso una silla neurológica reclinable. La que está usando es una silla común que fue fabricada de manera “casera”.

“La silla que tengo no entra por la puerta de mi casa porque es muy ancha, entonces mi marido tiene que levantarme de la cama a las tres de la mañana y sacarme a la galería donde está la silla, allí me quedo durante horas hasta que él regresa de hacer alguna changa para poder comer”, relató.

Celina además sufre de problemas respiratorios y habita en una precaria vivienda con mucha humedad, lo cual afecta a sus bronquios.

La mujer también necesita sondas vesicales siliconadas Nº 18, pañales para adultos grandes o extragrandes, crema para masajes y para lastimados corporales.

Fuente: https://www.eltribuno.com/salta/seccion/policiales