River y Boca se armaron pensando en cómo plantarles cara a los grandes brasileños en la Libertadores (elijan: Palmeiras, Fluminense, Mineiro, Cruzeiro, Botafogo, el Santos de Neymar, y siguen firmas) y al Inter de Lautaro, al Benfica de Di María, al Bayern Munich en el Mundial de Clubes.
Y en dos partidos del torneo, aunque tiraron a la cancha ya una muestra de casi todo lo que tienen, lejísimos estamos de aquellos pronósticos aventurados. Pensando en la talla de esos rivales que cruzarán en los lances más fuertes que esperan tener en el año, no podría decirse que el programa del Apertura los trató tan mal. Esto, con todo respeto por Argentinos, Platense, Unión e Instituto.
Mayor sea el respeto para estos equipos si evaluamos que en ninguno de los cuatro partidos hubo una superioridad abrumadora de los dos grandes, o al menos claramente distinguible: los cuatro rivales, con sus armas, les presentaron batalla y consiguieron hacer el desarrollo bastante equilibrado.
¿Y qué pasó? Que no fluye el juego de River ni el de Boca, que no hay tantas conexiones felices, que se fallan muchos pases, que faltan dinámica, ideas, imaginación y hasta destellos individuales de esos costosos refuerzos que llegaron, varios de ellos, de ligas del exterior.
¿Que todos los rivales, más motivados por el súper mercado que hicieron, les juegan a muerte? Y sí, son River y Boca. ¿Cómo esperan que les jueguen?
Se va enero y el pescado sin vender. Ojo, tanto tiempo no hay para tomar esas piezas de lujo y ensamblarlas en equipos que ilusionen con los grandes objetivos.
River, enredado en el combate que propuso Instituto (Foto Marcelo Carroll).
Unión le amargó el final a Boca (Foto: Sebastián Granata).
Mirá también Gallardo: “No me gustó nada, tenemos que correr el doble y vamos a fluir”
Fuente: https://www.ole.com.ar/

