Pero la amenaza del crimen organizado sigue latente. Y los asesinatos del jefe de la barra brava de Rosario Central, Andrés “Pillín” Bracamonte, y de su segundo, Daniel “Rana” Attardo, son una prueba.
Habrá que ver si se trató de un episodio aislado o la primera contienda de una guerra que parece no tener fin.
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