El fin de la neutralidad

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El anuncio de Milei en la ONU, la guerra total en Medio Oriente y los costos de una política exterior conducida por tuiteros.

El mundo está al borde una guerra total que amenaza con cambiar las reglas que conocemos hasta ahora. No es algo nuevo, las guerras proxy forman parte de la agenda diaria del contexto internacional y desde que Vladimir Putin decidió invadir Ucrania en febrero de 2022, lo que pensamos imposible termina convirtiéndose en realidad.

Con Israel está pasando algo parecido a lo que ocurrió con Rusia en la previa de la invasión. Nadie en su sano juicio imaginó una nueva ofensiva contra Hezbolá tras la derrota de 2006 y ni por asomo pensamos una guerra directa con Irán. Sin embargo, está pasando y puede empeorar.

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Israel e Irán son enemigos desde la creación misma de la república islámica luego de la llamada revolución verde que derrocó al Sha Reza Palevi en 1979. Pero tuvo que pasar 45 años para un ataque directo como el que ocurrió en abril de este año y abrió un escenario de absoluta incertidumbre.

El gobierno de Netanhayu parece estar decidido a cruzar el rubicón y enfrentarse contra todos sus enemigos regionales, Hamas en Gaza y Hezbolá en el Líbano. Es evidente que lo que pasó hace un año con el ataque terrorista de Hamas fue un parte agua que le vino como anillo el dedo a un cuestionado Benjamin Netanhayu cuya imagen venía cayendo, especialmente por su controversial reforma judicial.

Ahora la discusión está en la intensidad de la escalda y las capacidades militares de los protagonistas. El poderío de Israel está a la vista y un eventual involucramiento de la OTAN o de Estados Unidos en particular, como parece ser la intención del gobierno, lo dotaría de aún más espalda ante una guerra ucraniana que está en los minutos descuento.

Ahora la discusión está en la intensidad de la escalda y las capacidades militares de los protagonistas. El poderío de Israel está a la vista y un eventual involucramiento de la OTAN o de Estados Unidos en particular, como parece ser la intención del gobierno, lo dotaría de aún más espalda ante una guerra ucraniana que está en los minutos descuento

Del otro lado es más complejo. Irán dio una muestra de su fuerza pero no queda claro si le da para más, sobre todo para resistir una respuesta de las características de las que podría venir del lado israelí.

La reacción de Hezbolá también no pareciera estar a la altura del poder de Israel y la escalada del conflicto solo arruina a un país que sufre una profunda crisis económica y social hace al menos un lustro que está más cerca de un estado fallido que de una potencia militar. Todos los proxys iraníes, desde el más fuerte Hezbolá hasta los más chicos como los Hutíes de Yemen tienen menos fuerza que un ejercito regular israelí y eso es lo que puede marcar el devenir futuro en la región.

Hay otras variables que hay que tener en cuenta como una eventual participación de Rusia. Pero Moscú ha dejado claro que más allá de pedirle a Israel que se retire del Libano, Putin no tiene intención de ser parte a menos que el conflicto llegue a Siria y ponga en riesgo la base militar rusa que se encuentra en Tartus. Ahí, como ocurrió en la guerra contra Isis y las fuerzas rebeldes que se levantaron contra Bashar Al Assad, Rusia podría entrar.

En medio este sombrío panorama, el gobierno de Javier Milei anunció con bombos y platillos ante las Naciones Unidas que abandona la neutralidad. Eso significa que Argentina elegirá bando en un contexto de guerra, o sea digamos, podría entrar en conflicto con, supongamos, Irán.

Esto le genera piel de gallinas a los pocos diplomáticos serios que todavía están cerca de la primera línea del poder pero que no pueden hacer nada para evitarlo. “Es una catástrofe pero las decisiones la toman Milei con su hermana y Santiago”, dijo resignado una fuente diplomática consultada por el tema.

“Nos tocó un presidente que es muy liviano para hacer declaraciones y que no mide las consecuencias de lo que dice. Claramente un momento para quedarse callado y no esta ni de un lado ni del otro. El mundo está muy complicado y no es una buena instancia para hacer locura”, agrega.

Nos tocó un presidente que es muy liviano para hacer declaraciones y que no mide las consecuencias de lo que dice. Claramente un momento para quedarse callado y no esta ni de un lado ni del otro. El mundo está muy complicado y no es una buena instancia para hacer locura

Esta fuente con experiencia en embajadas importantes continúa y plantea que “en otra instancia te hubiera dicho que hasta pasa desapercibido, pero ahora es súper complicado y nos expone demasiado porque claramente si abandonás la neutralidad, decís que vas jugar para uno de los bandos y pasas automáticamente a ser blanco de los otros”.

A la espera de Trump

“No hace falta ser un gran experto en seguridad para decirte esto, pero esa es la percepción que tenemos. Es justamente un momento en el cual un país como la Argentina, que ya tiene bastantes elementos para quedar expuestos en una crisis tan grave como la que está pasando en el mundo, las declaraciones llegaron en el peor momento. Nos estamos metiendo en la tormenta gratis. Eso es lo peor. Sin obtener ningún beneficio”, finaliza.

La política exterior libertaria es una combinación de show con griterío tuitero. La celebración del abandono de la neutralidad fue aplaudida y cosechó likes como si se tratara de una pelea de trolls, pero esto es geopolítica y la dimensión es otra, es la de la realidad que duele y las consecuencias letales. No la ven, deberían levantar la cabeza y dejar de analizar la realidad internacional desde el celular antes que sea tarde.

Fuente: https://www.lapoliticaonline.com