Apenas se bajó del auto, Julián Santero expuso la felicidad de sentirse valioso. Importante. Abrió los brazos, se enfundó con los mecánicos y motoristas de su equipo y empezó a saltar en la zona de premiación del Rosendo Hernández de San Luis, autódromo que albergó la undécima fecha del Turismo Carretera. En lo que fue el inicio de la Copa de Oro, el mendocino volador no encontró freno: nunca se detuvo, encontró la puesta a punto de su Ford Mustang y redondeó un fin de semana soñado, dado que se quedó con la pole, la serie, el récord de vuelta y el triunfo en la final. Y, al cabo, se cortó en la cima del campeonato.
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