Ese tercer domingo de mayo, el Bilbao recibió al Sevilla por la penúltima fecha de LaLiga, y se llevó una victoria por 2-0. El gol que sentenció el partido provino de los pies de Muniain precisamente. Su compañero Iñaki Williams le tiró un centro de tres dedos al área y ahí llegó velozmente Iker, para empujala a metros del arco y sellar la victoria.
Esa característica -llegar muy cerca del arco para rematar- aparece en repetidas ocasiones en sus goles. Es que Muniain es de esos volantes que van en busca del gol. No frecuenta tirar a larga distancia (a pesar que demostró tener buena pegada con varios tantos convertidos de esa forma), sino que apuesta más a correr hacia dentro del área con la intención de ganarle la espalda a un defensor y quedar de frente y a pocos metros de los palos para rematar.
Es esa su mayor virtud: la lectura para aprovechar los espacios o las desatenciones de sus rivales dentro del área. Ahí, en esas entradas en velocidad a la espera de un pase raso o un centro (tiene varios goles de cabeza), se convierte en un killer.
Su registro en el Athletic Bilbao (único club en el que había jugado durante toda su carrera), según los datos expuestos por Transfermarkt, es de 560 partidos con 76 goles y 70 asistencias. ¿Sumará gritos en el Ciclón?
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