Para Adam, el diagnóstico de VIH fue inicialmente una sentencia de muerte. Además del impacto en su salud, tuvo que enfrentar el estigma social que acompaña a esta enfermedad. Pero el destino le tenía preparado un desafío aún mayor: tiempo después, le diagnosticaron cáncer.
El tipo de cáncer que padecía Adam requería un trasplante de médula ósea. Este procedimiento, ya de por sí complejo y riesgoso, se convirtió en un giro inesperado de su historia. Gracias a una mutación genética presente en el donante de médula, la nueva médula no solo repelió el cáncer, sino también el VIH.
Hoy, Adam Castillejo es un símbolo de resistencia y esperanza. La ciencia avanza, y con ella, las posibilidades de una vida mejor para aquellos que enfrentan enfermedades devastadoras.
“Estuve un año siendo dos personas: el paciente de Londres y Adam. Hasta que decidí darme a conocer públicamente para dar un mensaje de esperanza. Era egoísta quedarme en el anonimato y no dar esa esperanza”, asegura Adam, el hombre que pudo levantarse una y otra vez.
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