El Rojo la sacó barata en un primer tiempo que fue una pesadilla para Julio Vaccari. La diferencia a favor de la Gloria pudo haber sido más amplia. En apenas diez minutos, los de Avellaneda se comieron dos golpes que los dejaron al borde del nocaut: los dos gritos tempraneros de Ignacio Russo, que derivaron de tiros de esquina, desnudaron la fragilidad de una defensa desvencijada que no apeló a la marcación mixta. Los zagueros cubrieron el espacio, pero nadie tomó al hombre. En definitiva, Independiente entró a la cancha en estado de hibernación: se lo vio dormido. Por eso la Gloria lo madrugó. La última línea estuvo estática y los volantes no tuvieron presencia. Ya con el 0-2, el equipo quedó en shock, conmocionado y arrinconado contra las cuerdas.
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