Lo disfruta. Se siente pleno porque su buen nivel en Defensa lo llevó a que en Núñez iniciaran una negociación express que incluyó una inversión de tres millones de dólares sobre el límite del cierre del mercado de verano. Pero esa cifra, sumado a que llegó a “un club muy exigente, donde salís campeón y al otro partido tenés que ganar”, lo obligó a rendir de movida, un desafío extremo teniendo en cuenta que hasta a un jugador como a Manu Lanzini le costó insertarse nuevamente en el andamiaje riverplatense.
“Lleva un tiempo adaptarse al nivel de los entrenamientos. Llegás y te exigen mucho más, es una dinámica muy diferente y lleva un proceso”, reconoció en charla con radio Carve de Uruguay. Su primer superclásico, imagen que está en un portafoto puesto en un rincón especial de su casa, le puso un freno a la ilusión. La alegría cuando ingresó pasó a decepción cuando Blanco le ganó en velocidad y su centro fue el 1-1 de Medina. Así, de 172′ en el arranque del año pasó a estar más de dos meses sin jugar.
Sant’Anna en River. AFP.
“Aprendí a convivir con eso y seguí entrenando hasta tener una nueva chance”, agregó el lateral de 26 años, que contó cómo aprendió a sacar fuerza en los malos momentos: “Lo que más me llevó a evolucionar es disfrutar del fútbol, del día a día. Me permite ir a entrenar con ganas, entender cosas extrafutbolísticas y es importante la confianza que a uno le dan. Siempre tuve idea y vuelta, pegada y capacidad física, que la puede mejor, pero quizá no confiaba en eso porque no jugaba y me encerraba”.
Con Micho respaldo…
Su cambio de mentalidad, funcionó. Aprovechó la chance, en una semana superó los minutos de la primera parte del año, le ganó el puesto a Herrera siendo titular en seis de los últimos ocho partidos y si no estuvo ante Riestra fue por una lesión muscular. Feliz y cómodo por formar parte del grupo de los uruguayos de Núñez y con sueños de selección, el ex Nacional va por más y relativizó las críticas al DT.
Sant’Anna ante Táchira. AFP.
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