El próximo 10 de junio, a las 18, en el Salón San Martín de la Legislatura de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, la maestra Elizabeth Vergara recibirá uno de los premios de Artista Revelación de la Temporada 2023, otorgado por la Asociación de Críticos Musicales de la Argentina. Este reconocimiento, anunciado el pasado 18 de mayo, subraya su notable trayectoria y su incuestionable talento. El jueves 16 de mayo, la maestra ofreció su último concierto en calidad de directora asistente de la Orquesta Sinfónica de Salta. En mi papel de crítico musical, no es mi propósito cuestionar decisiones administrativas o artísticas de la Secretaría de Cultura de la Provincia. Mi responsabilidad es relatar fielmente el hecho musical y proporcionar una evaluación fundamentada de su calidad. No obstante, surge inevitable una pregunta: ¿cómo es posible permitir la partida, a mitad de la presente temporada, en un contexto de renuncia del director titular, de una artista que ha demostrado semejante excelencia? A lo largo de once conciertos y veintidós semanas de dedicación durante una temporada 2023 que se extendió a lo largo de cuarenta semanas, la maestra Vergara ha mostrado virtudes artísticas de manera contundente. Su partida deja un vacío notable en el panorama musical salteño, que será muy difícil de llenar.
Para el concierto del jueves, el formidable Raúl Traver, en calidad de clarinete solista, se unió a la despedida de la maestra Vergara. Y digo formidable porque su interpretación del “Concierto para Clarinete y Orquesta N° 1 en Mi bemol Mayor, Op.1” del finlandés Bernhard Henrik Crusell (1775-1838) exhibió una calidad musical sobresaliente. Su manejo del fraseo, la dinámica y los matices, particularmente sus sobrecogedores pianissimi, compite con los mejores registros discográficos existentes de esta obra. Traver, quien actualmente se desempeña como asistente solista en la fila de clarinetes de la Orquesta Sinfónica de Salta, demostró ser un músico de una talla excepcional.
El concierto de Crusell, con una clara influencia de los conciertos de Spohr y von Weber, posee, no obstante, una notable personalidad que no recurre a los fuegos de artificio de estos compositores, pero que aun así consigue mantener, a través de un elegante equilibrio, la atención del oyente de principio a fin. Esta obra, rica en matices y sutilezas propios del período en el que fue compuesto, fue el vehículo perfecto para que Traver desplegara toda su maestría interpretativa.La complicidad con la maestra Vergara, quien brindó un acompañamiento tan sólido como inspirado, era evidente y la resultante sonora se evidenció con los cálidos aplausos del público.
Ante esta ovación, Traver ofreció una exquisita propina: una versión para clarinete solo de la famosa “Nana”, la quinta de las Siete canciones populares españolas de Manuel de Falla. El profundo y poco usual silencio del público del Provincial durante su interpretación es una prueba contundente del impacto emocional que este clarinetista provoca. El aire se llenó de una magia casi palpable, dejando a la audiencia en un estado de asombro reverente y confirmando, una vez más, la capacidad de Traver para conmover y encantar con su arte.
No puedo evitar expresar mi esperanza de que no permitan su partida también. En un contexto donde la excelencia artística es un bien tan preciado y a menudo escaso, preservar a músicos del calibre de Traver se torna imperativo para mantener y elevar el nivel artístico de la orquesta.
El legado sinfónico de Felix Mendelssohn-Bartholdy (1809-1847) se puso de manifiesto con la interpretación de la Orquesta Sinfónica de Salta, con la ejecución de la Sinfonía N° 3 en la menor, Op. 56. Aunque Mendelssohn comenzó esta obra en su juventud, no fue sino hacia el final de su vida, en 1842, que la concluyó, dotándola de una profundidad y madurez que sólo el tiempo y la experiencia pueden conferir. Esta obra, también conocida como la “Sinfonía Escocesa”, destaca por su compleja estructura formal y su imaginativa composición. En ella, Mendelssohn recrea influencias paisajísticas y literarias, evocando la historia y leyendas escocesas sin recurrir a las influencias folclóricas, de las que huía deliberadamente. Esta sinfonía es un claro ejemplo de música pura, donde el compositor logra sintetizar la pasión ardiente del Romanticismo con el refinado equilibrio característico de su estilo.
La interpretación de la Orquesta Sinfónica de Salta capturó la esencia de esta obra maestra, evidenciando tanto la complejidad técnica como la profunda expresividad de la sinfonía. Bajo la atenta batuta de la maestra Vergara, la orquesta ofreció una lectura que fue a la vez apasionada y precisa (salvo algunos imperdonables exabruptos dinámicos aislados de cornos, trompetas y timbales), haciendo justicia a la visión de Mendelssohn y transportando al público a los paisajes y leyendas que inspiraron al compositor.
En este contexto de despedida, uno no puede evitar reflexionar sobre la injusticia de ver partir a una figura tan integral para el crecimiento y desarrollo de la orquesta. Mientras el público del Teatro Provincial despedía a la maestra Vergara con un aplauso que resonaba con gratitud y tristeza, la realidad se impone: ¿cuántas más despedidas injustificadas podrá soportar nuestra escena musical antes de que se convierta en un desierto árido, privado del talento y la dedicación que artistas como la maestra Vergara aportan? El dolor de esta pérdida resuena más allá de las paredes del teatro, dejando una herida abierta en el corazón cultural de nuestra comunidad.

