Vélez penó a fin del año pasado, salvándose del descenso en la última fecha; ese plantel perdió a Prestianni, Bou y Giannetti. Arrancó la era de Gustavo Quinteros en 2024 con un punto de nueve en la Copa de Liga. El tercero de esos partidos fue como tocar fondo: un 0-5 contra un River que lo pasó por arriba. No habrá faltado quien querría abortar ahí mismo el ciclo del DT recién llegado.
No fue eso lo único que le pasó. También tuvo que echar a cuatro jugadores de un plantel más bien corto, por un episodio que además afectó seriamente la calma, el ánimo y la imagen de la institución, cuando fueron acusados de una violación en el hotel de la delegación que representaba al club. Uno de ellos, Brian Cufré, era titular siempre y fue uno de los pocos refuerzos que llegaron para la campaña.
La reconstrucción fue silenciosa, de a poco, y no exenta de triunfos con goles en el límite de los 90’ (o ya pasados): el equipo ya probaba que no se dejaba doblegar por nada y creía en sí mismo hasta la última chance. Así fue como entró a octavos por la ventana (favorecido por el empate entre Independiente y Talleres), le ganó a Godoy Cruz con uno menos casi todo el segundo tiempo y ayer se clasificó jugando esta vez casi todo el partido con diez.
Es probable que la cátedra tome la semi de mañana entre Boca y Estudiantes como la famosa “final anticipada” de esta copa, que Vélez vaya de punto al juego decisivo. Lo que no es nada probable es que Vélez, este Vélez que se cae y se levanta, convalide de antemano ese pronóstico y deje que, quien sea que lo enfrente, lo vaya a arrear así nomás.
Marchiori rechaza el penal de Gobdou (Foto Andrés Vázquez).
La goleada sufrida con River, punto de inflexión (Foto Alejandro Pagni / AFP)
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