Insua chapeó con que puso al equipo en las copas Sudamericana y Libertadores, mientras la gente del presidente actual trata de viralizar bandos en los que repite que durante este mandato, San Lorenzo ganó 4 de 18 partidos, y que el plantel “ya no le respondía”, además de implicar a Matías Lammens por estar “operando” contra su gestión.
No es claro si vincula la reaparición de Insua con esa “operación” (de hecho, se empezó a difundir esa declaración al mismo tiempo que el DT echado salía al aire de ESPN).
Pero el Gallego le atribuye a “la conducción” unas cuantas cosas que le descargan responsabilidades por los últimos resultados: dice que le trajeron solo dos de los ocho refuerzos que pidió, que llegaron jugadores que él no había aprobado y que los dirigentes querían que él pusiera en el equipo a esos que ellos habían contratado por las suyas.
Como espada sobre la cabeza de Moretti deja su indemnización: prácticamente se comprometió a ni tocarla, y devolverla al club cuando se construya el nuevo estadio que esta administración prometió. Y recordó que también dijeron que iban a hacer una auditoría, en la que supone que no querrán figurar dejándole al siguiente gobierno una deuda con Insua. Como si adivinara que su pago va a ir a parar al pagadiós de los proveedores.
La paz que una figura contenedora como el Gallego había llevado a San Lorenzo ha volado por el aire y volvieron los aromas de batalla. Al menos, Insua le dio su bendición a Pipi Romagnoli y desligó a Ortigoza, como para que nadie dude de a quién está culpando de todo.
Los hinchas que fueron a Montevideo estallaron (EFE / Gastón Britos).
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