El 4-3-1-2 inicial de Boca (falta Merentiel en la imagen).
En la semana, en esta columna táctica de Olé, se había dicho que Martínez, más allá de lógicos retoques, era más simple en cuanto a su propuesta, y que Demichelis, en pos de sorprender al rival de turno, modificaba su idea de manera permanente. Esta vez no fue la excepción. El DT de River puso un mediocampo de tres con Nacho-Villagra-Aliendro, el Diablito Echeverri de enganche y un doble punta con Colidio-Borja. La diferencia con los anteriores partidos no estuvo sólo en el dibujo. También en la estrategia. Porque se la jugó más al ataque directo para usufructuar ese 2vs2 arriba (contra Lema-Rojo) y no se hizo fuerte desde la posesión. De hecho, finalizó el primer tiempo con un sorpresivo 41% de tenencia cuando su promedio por encuentro ronda el 60%. Alguien podrá justificar que el gol tempranero, a los 10 minutos de juego, influyó para que resignara el control de la pelota. Pero las estadísticas no mienten: River es el equipo del fútbol argentino que más sostiene la supremacía de la posesión incluso cuando va ganando. Cosa que esta vez no ocurrió.
Para que eso no sucediera también resultó determinante lo que hizo Boca. Porque a partir de los 20′ de juego, Martínez modificó la estructura inicial. Zenón pasó a la banda izquierda, Pol se fue hacia adentro para el doble 5 con Equi mientras Saralegui estiró sobre la derecha. Esos cuatro coparon el medio ante los tres de River. Superioridad numérica y posicional para imponerse en esa zona y presionar con mejor timming en campo rival, no como en la acción previa al gol del 0-1. Y así empezó a generar situaciones con una de sus principales armas: la profundidad de los laterales. Superior por las bandas, con un Echeverri que no llegaba a retroceder para emparejar la pelea en el medio, el equipo de Martínez comenzó a hacer méritos para empatar y lo logró en la última jugada del primer tiempo: un desborde de Advíncula (sí, un lateral) ante un Aliendro que no pudo impedirle el avance, y un centro atrás (indefendible por los siglos de los siglos) para que Merentiel definiera ante siete rivales (ocho contando a Armani), en plena acción de uno de los grandes pecados capitales del futbolista: mirar la pelota y no al jugador.
El 4-4-2 de Boca a partir de los 20′ del primer tiempo.
Por presencia y también por carácter, de ahí hasta el final se jugó más a lo que quiso Boca. Si a eso se le suman errores puntuales de River, queda claro por qué esa diferencia se trasladó al marcador. En el 2-1, un mal rechazo de Herrera fue bien aprovechado por Zenón, quien controló y tiró el centro preciso a la cabeza de Cavani, mal marcado por Enzo Díaz. En el 3-1, un control largo de González Pirez en la mitad de la cancha le permitió a Merentiel atacar por dentro y llegar al área para poder capitalizar el rebote en Armani tras la definición de Cavani. River, a esa altura ya sin la gambeta de Echeverri en cancha, no lograba pesar en ataque, se mostraba incómodo y sin fluidez en la circulación de la pelota y sufría atrás por errores que Boca no perdonaba.
Con esa ventaja, Martínez decidió fortalecer la retaguardia. Y el 4-4-2 se transformó en un 5-3-2 con el ingreso de Figal por Saralegui. Compacto para defender aunque sin resignar la posibilidad de la contra para estirar la diferencia, Boca vio cómo un River errático no encontraba los espacios para lastimar. Demichelis había buscado retomar el protagonismo de los primeros 15 minutos con los ingresos de los revulsivos Barco y Lanzini. Pero fue tarde. Este Boca, con rasgos visibles que revelan la identidad que está forjando Martínez, ya había ganado la batalla táctica y estratégica.
El 5-3-2 de Boca en los 20′ finales.
El resumen del 3-2 de Boca
River Plate – 21-4-2024 Resumen de la victoria de Boca ante River
Mirá también El uno por uno de Boca en el Súper triunfo ante River
Mirá también El uno por uno de River en la derrota y eliminación ante Boca
Fuente: https://www.ole.com.ar/

