Aunque es un cliché que un artista presente su undécimo álbum de estudio como el más personal o el que desnuda más intensamente su intimidad, o como lo ha expresado Taylor Swift en redes sociales, el que “más necesitaba” hacer, sus canciones se convierten en una especie de terapia para sanar sentimientos dolorosos.
Aunque sea un cliché, a nadie le molesta, especialmente a los seguidores de la artista más importante del mundo, quienes esperan exactamente eso de ella: una montaña rusa emocional, turbulencia, sentimentalismo y confesiones, especialmente cuando se trata, como ahora, de una ruptura sentimental. Taylor tiene todo un subgénero de canciones dedicadas a sus ex novios; si las agrupara en un álbum, tendría que ser un doble CD.
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