En enero de 2000, cuando Diego Maradona protagonizó el primer episodio cardiovascular grave, mientras vacacionaba en la ciudad de Punta del Este, fue traslado a la Clínica Sacre Coeur, de Buenos Aires, en donde el Dr. Pastor estaba haciendo la residencia en hemodinamia.
“Tuve la suerte de estudiarlo por cateterismo, de asistirlo en el posoperatorio y de interactuar con él durante los cinco días de internación”, recuerda con emoción.
De todo el procedimiento, Pastor pudo participar merced al gesto del jefe de servicio de hemodinamia y cardiología intervencionista, Dr. Marcelo Pettinari, quien también le permitió observar la histórica fractura del tobillo izquierdo, provocada en 1983 por el defensor de Athletic Bilbao, Andoni Goicoechea, cuando El Diez vestía la camiseta del Barcelona.
No era la primera vez que Pastor interactuaba con el padre de Dalma y Gianinna. Dado que un tiempo antes, se lo había cruzado en el interior de la misma clínica porteña. “Yo bajaba del ascensor y al abrirse la puerta, veo un brazo con el Che Guevara tatuado, una camiseta de básquet azul y un pantalón corto del mismo color. Descubrí que era Diego y venía a ver a su madre, que estaba internada. Al verlo, quedé paralizado, porque Maradona era mi ídolo. Por eso, agradezco tanto a mi carrera, al lugar y al momento, porque abrí la puerta y lo vi. Diego disparó: ‘¿Qué haces tordo? ¿No me tomás la presión?’. Por cierto, al cumplir con su pedido, me temblaron las manos. ‘¿Estás nervioso?’, preguntó el Diez. ‘Imaginate Diego, te estoy tomando la presión’, le respondí. Ya habíamos ganado el Campeonato Mundial de Fútbol, era una cosa de locos”, confiesa el médico lamentándose que no pudo obtener una fotografía.
Indirectamente, el cardioangiólogo intervencionista estuvo relacionado con otro personaje de la historia nacional: Juan Domingo Perón. “Porque mi abuelo paterno, Fernando Eufemio Pastor, fue ministro de Minería durante la presidencia de Perón. Mi abuelo, que es español, originario de La Roca de la Sierra, en la provincia de Badajoz (existen calles que llevan su nombre en el ayuntamiento), trabajó con la minería y tuvo yacimientos esparcidos en La Rioja, Córdoba y San Luis”, destaca.
El Dr. Pastor, por parte de sus ancestros, también tiene una relación lejana con el Padre de la Patria. “El general José de San Martín pernoctó tres noches en la casa de mi tatarabuelo Silvera (abuelo de mi abuelo materno Francisco) en la casa de la localidad de San José del Morro”, asegura el galeno de 58 años.
El hecho histórico, que está registrado en publicaciones puntanas, sucedió el 14 de julio de 1818, cuando San Martín viajaba de Mendoza a Buenos Aires, junto a su esposa María de los Remedios de Escalada y a su ayudante de campo de origen inglés, el general Juan Thomod O’Brien. Al pasar por la provincia de San Luis, el eje del carruaje se rompió. “San Martín pidió ayuda al gobernador Vicente Dupuy. Pero como debía esperar una nueva diligencia, los pasajeros tuvieron que alojarse en la propiedad de mi tatarabuelo”, acota Pastor.
Hijo de mineros, puntano adoptivo
Aunque nació y vivió hasta los 6 años en la ciudad cordobesa de Villa Dolores, Fernando Pastor afirma: “Me siento más sanluiseño que cordobés”. Porque luego su familia se mudó a La Toma, localidad puntana de unos nueve mil habitantes, cuya principal fuente de ingresos es la explotación minera. “Mi padre Fernando y mi tío Alberto tenían un yacimiento de tungsteno, elemento constitutivo del acero, que exportaban al exterior”, cuenta el médico que de niño durante las vacaciones solía bajar a las minas e interactuar con los hijos de unas cien familias que vivían allí.
Al egresar de la escuela primaria, en La Toma, y la secundaria, en Villa Mercedes, el doctor Fernando Pastor decidió irse a estudiar medicina a la Universidad Nacional de Córdoba. “En el momento de elegir la carrera, me inspiré en mi abuelo materno Humberto Silvera, destacado docente de la localidad de El Morro, que escribió el libro “La cautiva”, basado en la historia de Tiburcia Escudero, una mujer que había sido raptada por los indios Ranqueles. Pero llegó a escaparse tres veces de las manos del cacique. Al año que inicié los estudios universitarios, mi abuelo fue operado del corazón en un hospital cordobés. El post operatorio fue muy tortuoso, traumático y, sobre todo, con una mala evolución. Él, junto a mi abuela, paraban en mi departamento. Por ende, asistí a ese sufrimiento. De ahí vino mi reafirmación a la especialidad que elegí”, afirma el médico que se recibió en 1994.
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