El Rojo no tuvo ideas ni juego en el primer tiempo. Atacó a los empujones y defendió siempre mano a mano ante un rival que esperó agazapado para salir rápido de contragolpe tras cada recuperación. El local tuvo poca marca en el medio: Marcone quedó muy solo en la función de recuperar, por lo que al equipo se lo notó partido. Más allá del ímpetu y la actitud para correr y cubrir espacios, Ruiz, Mancuello y Luna no son volantes que encuentren en la marca su fortaleza. No se distinguen por su capacidad de recuperación. Por eso al capitán le faltó acompañamiento a la hora de contener, tuvo poco auxilio y eso dejó en evidencia que el planteo inicial no funcionó, algo que ya le había pasado a Tevez en la dura derrota sufrida contra Riestra (0-1) en la fecha anterior.
Las conexiones no aparecieron en los primeros 45 minutos. Las sociedades para construir no afloraron. Y a los dirigidos por Carlitos les faltó elaboración. Por eso recurrieron de forma sistemática a los pelotazos y la dupla de ataque, compuesta por Maestro Puch y Ávalos, recibió siempre de espaldas al arco. Los tucumanos fueron pacientes y pegaron en la primera situación de gol clara del partido. Una acción que nació de una pérdida de Marcone, en la que hubo una falla de Isla y que fue capitalizada por Bajamich, quien había iniciado la jugada. Una vez en desventaja, Independiente empujó, pero no tuvo fluidez. Fue un conjunto largo, inconexo, que intentó presionar pero no lo hizo nunca en bloque. Un cabezazo de Fedorco, otro de Ávalos y una acción en la que Costa reclamó un penal que no existió fue lo más claro que generó el dueño de casa.
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