“Ya abrió la Línea D con mejor frecuencia y más seguridad”, anunciaban las publicidades del gobierno porteño. Pero el presagio se cumplió a medias.
La Línea D es la segunda más utilizada del sistema y circula por las zonas de mayor poder adquisitivo de la Ciudad, entre Congreso de Tucumán y Catedral. Tenerla cerrada genera enormes trastornos y tiene un alto costo político.
Según pudo saber LPO, el principal problema es con las señales: el nuevo sistema necesita mayor tiempo de calibración. “Es el cerebro del subte. Estuvimos haciendo trabajos durante un año y medio, pero para terminarlo hacía falta cerrar la línea”, explicaron en el gobierno.
Según dijeron, la D tiene el sistema de señales que permite la mayor cercanía entre formaciones: podrían llegar a circular a 30 metros una de otra. Eso habilitaría a tener mayor frecuencia de subtes en caso de que hubiera trenes suficientes para aumentarla.
Ante las bromas que comenzaban a circular en las redes, Emova decidió apagar los carteles que en algunos momentos anunciaban que la próxima formación pasaría en 99 minutos o absurdas cifras similares.
“Los carteles están asociados al sistema de señales, por eso no estaban funcionando correctamente”, dijeron.
Otra fuente aseguró a LPO que Emova, la empresa del Grupo Roggio que es la continuación de Metrovías, contrataron técnicos externos para intentar resolver el problema con la señalización.
Fuente: https://www.lapoliticaonline.com

