Está claro cuál es el cambio para ellos

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El presidente de Argentina, Javier Milei, visita al Papa Francisco en el Vaticano. Feb 12, 2024. REUTERS/Yara Nardi

El Santo Padre dio un nuevo gesto de sabiduría y grandeza. Recibir a Milei le permitió salir de la grieta, esa grieta en la cual un kirchnerismo que nunca lo había saludado mientras era Cardenal quiso abrazarlo cuando se había convertido en Papa.

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Milei sirvió para que el Papa carezca de pertenencia política, para que pueda decir claramente que las instituciones son respetables, pero que la religión está por sobre ellas. Además, respetuoso como es de las instituciones, el Presidente de su patria siempre fue parte de sus prioridades. De ahí, su afecto por Cristina, no porque se hubiera vuelto kirchnerista, como algunos pretendieron en su afán de desinformar. Con Macri, la situación no era de confrontación ideológica, sino personal. Milei, que representa una derecha sin límites, mostró cierta humildad. Y el Papa actuó como un sacerdote. Recuerdo que cuando le envió un rosario a Milagros Sala -gesto que suscitó tantas voces indignadas- me dijo: “Soy un sacerdote y le envío rosarios a los presos y a los enfermos”.

Luego, con el regreso de Milei al país, salimos otra vez del Mundo y la religión y nos involucramos en una sociedad dolida que descubre que el menemismo no era otra cosa que la dictadura con su disfraz de democracia. Porque Milei es Menem, y también Macri, es esa derecha que eternamente combatió lo que denominó populismo, la idea de un país donde los débiles, los necesitados, los trabajadores fueran clave en su desarrollo.

El papa Francisco y Javier Milei (Vatican Media vía AP, HO)

He señalado varias veces desde esta columna que nací en una sociedad integrada y viví a mis 13 años la caída del peronismo. La degradación de la sociedad puede haber tenido esbozos con Onganía, pero no se concreta hasta el golpe del 76, momento en que se decide que la Argentina no es más el reflejo de Europa sino el espejo de los EEUU. Nuestro país, que fabricaba aviones, locomotoras, motos, un país en vías del desarrollo, que cabalgaba sobre el peronismo y sobre Aldo Ferrer – ministro de Lanusse- o las otras etapas del peronismo, hasta el 76, hasta esa dictadura, no había necesitado subsidios, no tenía deuda externa, no había inseguridad. Todo eso viene con la dictadura.

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En cuanto al kirchnerismo, es lamentable que solo confrontara con los Derechos Humanos y fuera, en alguna medida, una continuidad de aquellas propuestas económicas. Cuando Néstor Kirchner privatiza el banco de Santa Cruz, está siendo un seguidor de Martínez de Hoz y Cavallo, de Menem -a quien tantas veces alabó-; luego, mitigó esos golpes sin cambiar la esencia. Y la Argentina nunca se ocupó de devolver a la sociedad esos bancos, que eran los que protegían su industria.

La privatización del ferrocarril llevada a cabo por Menem convirtió en corrupción lo que hasta ese momento había sido un elemento central de desarrollo. Las privatizaciones de Menem son el engendro que permite una nueva oligarquía improductiva, receptora de subsidios que antes el Estado utilizaba para sí y ahora, traslada, privatiza, entrega a intermediarios que se quedan con la parte del león y les devuelven una parte a los políticos de turno.

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Privatizar en la Argentina es un eufemismo de robar, robo que se ha ido instalando e incrementando. Para mí, que pertenezco al peronismo, para muchos radicales e incluso, conservadores, la concepción patriótica nunca permitirá la privatización. ¿cuál es la razón que nos lleva a entregarles a unos pocos lo que construimos entre todos y de lo que deberíamos beneficiarnos colectivamente?

La idea mesiánica de Milei, según la cual los que piensan distinto son traidores, es absolutamente antidemocrática y nos coloca, como ciudadanos, al borde de un riesgoso autoritarismo respecto de la libertad de expresión, riqueza de una sociedad pluralista. Así, las críticas a Gramsci fueron el eje de la dictadura. No llama la atención que se reiteren hoy. Para los militares que nos gobernaron entre el 76 y el 83, “gramsciano” era todo aquello que no entendían, y por ende, el universo gramsciano resultaba infinito. Por lo demás, el empobrecimiento al que Milei ha sometido a la ciudadanía en tan poco tiempo no tiene límites ni justificación válida, más allá de la que pergeñan engañosamente y con absoluta mala fe los periodistas al servicio incondicional de Milei. Alguien que permitió tres aumentos de la nafta en menos de dos meses parece haber sido enviado para resolver las escasas ganancias de las petroleras, que no perdían. En cambio, esos incrementos se dan sobre salarios y jubilaciones congelados.

Javier Milei. EFE/EPA/ABIR SULTAN

Milei es la continuación de la dictadura, como lo fueron Menem y Macri, sin olvidar la responsabilidad del kirchnerismo dado que el principal sostén de Milei es el miedo a su retorno. Hay mucha gente que sigue teniendo esperanza en el gobierno y merecen respeto porque responden a la desesperanza que sembró el kirchnerismo.

La Argentina necesita un nuevo espacio político que no sea el prebendario derrotado, pero tampoco la expresión de la búsqueda de ganancia y opresión de las clases medias y populares que expresa Milei, continuador de la dictadura y de Martínez de Hoz. Lo digo con pesar, es lo peor que nos puede suceder.

Se impone la necesidad de construir una alternativa patriótica y nacional con objetivo social, donde exista el capitalismo como competencia, pero un capitalismo constructivo, industrial, no de privatizadores. En rigor, a lo que remite este supuesto anarco capitalismo libertario es a un capitalismo de estafadores. Tristemente, es lo que hoy estamos viviendo.

Si el Estado es el enemigo de los negocios, la pregunta es quién va a ser el defensor de los más necesitados. Que el kirchnerismo haya deformado esa esencia no implica que no exista, y el hecho de que algún individuo robe en una dependencia del Estado no justifica la totalidad de las privatizaciones.

La idea de detener la inflación al costo de la miseria de la gente es clara expresión de un sector a quien la moneda le parece más importante que el hombre. Milei es la versión de inteligencia artificial de Menem. Aquel Menem populachero, al tiempo que servía a los peores y más oscuros intereses, hoy tiene un seguidor sin calle ni vida propia, este fruto de los poemas que escribe la IA, y que también escribe y edita concepciones gubernamentales.

Hay semejanzas que asombran, hubo un tiempo en que el kirchnerismo ponía las fotos de los periodistas odiados para que recibieran el repudio de la gente. Hoy, los que gobiernan ponen los nombres de los diputados que no les obedecen, a los que llaman traidores, con la perversa intención de que no se los vote en la próxima elección. Su concepción del tiempo y de la vida no incluye a los seres humanos y se nota en la miseria, en la tristeza, en la desazón que están imponiendo para ahorrar, aunque sólo se ahorra en el pueblo, no en las petroleras, no en las empresas privadas. La ganancia de los grandes grupos es la contracara de la miseria que creamos en los pobres, en los trabajadores y en los jubilados.

Además, Milei y los suyos suelen emplear palabras tramposas, “es necesario un cambio”, dicen. Está claro cuál es ese cambio para ellos, sus escribas y servidores: que las petroleras ganen mucho y los pobres, poco. El cambio está a la vista, no se necesita un desarrollo mayor.

Fuente: https://www.infobae.com/tag/policiales