En la ciudad Suiza, dónde Milei pretendió graduarse de nueva estrella del liberalismo con su disruptivo “Yo Acuso” dirigido a gente que no entiende de literatura, se vió el principio de este final: el Presidente no registra que es una victoria y que es una derrota en política. Como diría Pichetto, se trajo de Suiza los discursos pero ni una inversión para abrir una nueva panchería. En el Congreso, Milei vuelve a incurrir en el mismo error, entendió que era una victoria política la aprobación general cuando todos los alertas le decían claramente que le estaban dando tiempo para negociar sin que se note tanto el meollo de la cuestión (la caja de la nación y la caja de las provincias) mientras las agendas de profundidad ideológica se llevaban la marca. Ahora el Presidente está paseando su orfandad política llorando junto a su rabino en el muro de los lamentos…un Presidente al que le voltean su primera ley está queriendo decirle a Israel que cuenten con él para derrotar a Hamas, probablemente la larga contemplación de la historia que tiene el pueblo judío le hará pasar más suave el papelón al que ha decidido someterse.
Sin embargo, lo más grave es la dilución del contexto (llámese capital político o simple fortuna) que implica la absorción de la crisis que hace la sociedad con un nivel de tolerancia inédito. Se corta la asistencia a los comedores pero hasta ahora no ha habido una movida importante contra los supermercados ni mucho menos se han registrado saqueos. Aumenta el transporte considerablemente y nadie ha quemado ni un colectivo, por el contrario, se hacen 5 cuadras de cola con 37° para registrar la SUBE. La inflación se viene comiendo el poder adquisitivo de trabajadores y jubilados y hasta ahora hubo una sola movilización fuerte (el 24/01) y un cacerolazo mas o menos significativo. La gente, transversalmente, viene masticando el ajuste feroz de manera ejemplar ¿realmente hay una conciencia social que este esfuerzo sobrehumano es necesario? ¿o simplemente el músculo social está en reposo acumulando hasta que el cauce se desborde de manera incontenible?. Ésta es la cuestión que un estadista con olfato debería estar preguntándose de manera constante. El Presidente ha decidido soslayar tal dilema y asume que tiene el crédito y la obligación de ir a fondo con un programa que -hasta ahora- solo muestra una liberalización de los precios y el muñequeo financiero de Caputo que el país ya ha probado con el resultado que todos conocemos. Si el Presidente también tiene problemas para deshilar que es acompañamiento de lo que es apatía, puede que esté apresurando el calendario de su tiempo histórico al, como dicen los mejicanos, “rascarle los huevos al tigre”.
En escasos 60 días de gobierno, el Presidente deja expuesta una constante orfandad política que lo pone no solo ante la disyuntiva de cómo seguir, sino la principal…con quienes?
El esfuerzo que hace el único vector orgánico y organizado de La Libertar Avanza -los twiteros- por agitar el enemigo entre la casta y el kirchnerismo son otra muestra del extravío. Milei sucumbió en el Congreso arropado por los propios. El peronismo (en todas sus variantes) administra como puede su crisis de conducción siendo por sí un mérito que pueda cohesionar un número importante de legisladores pero que no domina ninguna cámara…el “Ah, pero el kirchnerismo” va a funcionar hasta el próximo aumento de las naftas.
La particular situación del entramado político argentino que dejó las elecciones del año pasado obligan mucho mas a pensar a cómo se arma el oficialismo a quién es la oposición, ya que ésta se va a definir por la primera. Y la singularidad de Milei puso a todas las variables de la oposición – a excepción del peronismo- en un estado de “filo oficialistas” que parecía el decurso natural del nuevo entramado político hasta las próximas elecciones pero que la impronta de Milei decidió detonar antes que termine su primer verano de gestión. A golpe de vista Milei ya no cuenta con algunos propios -como Carolina Piparo, su candidata a gobernadora por BsAs- hay dudas que se dejan correr alrededor del círculo de su Vicepresidenta y aquella dialéctica de palomas y halcones que tanto agitaba Milei en tiempos de candidato parece estar averiada cómo para hacer un corte previsible entre unos y otros. Milei enfrenta el crucial mes de marzo teniendo que responderse una pregunta central ¿con quienes voy a gobernar?
Plebiscito y DNU son herramientas que puede usar un Presidente con el consenso que se construye con la billetera: “Plata no Hay”, ergo, sólo hay una pared allí por más que desde alguna señal de medios amiga o una operación en redes sueñe con una “Plaza del Sí”
Marzo aparece como el próximo test para el gobierno. La inflación hará su impacto de lleno con tarifas e inicios de clases (empezarán las clases?) y será más claro si los dólares de la soja se liquidan a 800 y pico o si el campo agitan una nueva devaluación. Y si en marzo el gobierno no tiene todos los casilleros cubiertos y un nuevo acuerdo político que le dé sustentabilidad, a la crisis política y económica se le sumará la crisis de gestión que en estos meses viene asordinada por el sopor del verano.
2500 años atrás, en otro marzo, la historia señala que Julio Cesar se dirigió al lugar de su muerte -el Senado Romano- con muchas señales que le anticipaban una desgracia. No fueron sus enemigos quienes lo emboscaron, sino que fue una conspiración construida entre sus aliados e incluso leales amigos que entendían que las prácticas del Cesar estaban horadando irremediablemente las bases de la República. Los autores del magnicidio -al menos una mayoría de ellos- estaban convencidos que había un bien superior que tutelar. Todo esto sucedió en el transcurso de la festividad de los Idus de marzo (alrededor del 15 del mes en el actual calendario gregoriano)
El Presidente debería revisar esta historia, un poco para morigerar su pulsión a dividir el mundo entre leales y traidores, y otro poco para entender que aún el enorme Julio Cesar debió atender a las señales que le presagiaban un mal destino. Contrariamente a lo que puede suponerse, son muchos los que están esperando que reaccione para acompañarlo.
Pero también, debe haber otros que están esperando que su rasgo mesiánico lo siga conduciendo a una debacle anunciada. En el medio, una enorme sociedad sigue esperando la promesa de ser, al fin, un país normal.
Fuente: https://www.lapoliticaonline.com

