La importancia de la dignidad como factor de crecimiento

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Por: JOSÉ A. MENÉNDEZ, MÉDICO JUJEÑO

Son tres los componentes que nos configuran: “cuerpo” que necesita de buena alimentación. “Mente, alma” o “espíritu”, que requiere de una profunda intimidad consigo mismo, con Dios, y el hombre, que no se puede jamás soslayar.

Comienza con la actitud de recogimiento que conduce a la oración matinal, si es posible asistencia a la celebración litúrgica, y por la noche el reencuentro antes de dormir con el Creador; tú y él, en un silencio para dos. Digamos que constituye el basamento que sustenta a los otros dos, coherencia mediante.

Pero para aquellos que no tienen la suerte de conocer a Dios (ateos), no significa no poseer espiritualidad, la tienen, y frecuentemente con llamativa intensidad. Sin el propósito consciente están en la búsqueda permanente de ese Dios aun ausente en su meditación.

Finalmente, la “psicosociabilidad”, naturalmente atada a múltiples factores. Descolla sobremanera el temperamento y la personalidad, moldeada en el ambiente donde se crió (ecosistema, ambioma). Dentro de capítulo tan notable, la educación aprendida solícitamente en el hogar (concepto y comportamiento de valores), sumada a la información y capacitación adquirida en establecimientos creados y provistos por el Estado, son primordiales e irreemplazables, su ausencia conlleva por lo general dificultades frecuentemente insalvables. Y estos, sobremanera fomentan la desigualdad. En un mundo competitivo, bajarse del tren en el primer anden sin la debida información y formación, es una desventaja muy grande que suele pagarse de por vida, y lleva cruelmente a ocupar el último lugar en la fila (tal cual lo pinta Martín Fierro).

Definitivamente: “La educación os hará libres”. Cuanto de real y cierto encierra esta frase. Más aún cuando recordamos que nuestro país en la presidencia de Domingo Faustino Sarmiento (1868- 1874) llegó a ser referente y líder internacional en la materia. Lamentablemente hoy nos situamos en el extremo opuesto padeciendo una corriente vergonzante de ignorancia que crece constantemente. Esta triste realidad tiene un punto común interesado y a la vez causante: políticas públicas aplicadas por actores desvergonzados. Si bien las conquistas logradas por los obreros llenaron un largo espacio antes ocupado por la explotación y barbarie, (que en realidad comienza a tomar forma y despertar a la injusticia sobre la situación de los obreros con la Encíclica Rerum Novarum de León XIII hacia 1891), no es menos cierto que malos dirigentes desdibujaron su razón primera. En contraste, ellos sí crecieron económicamente hasta constituirse en los nuevos ricos, mientras el pobre continúa cargando la cruz, manteniendo igual o peor condición de pobreza material. Y cuando digo peor, me refiero al necesario complemento usado por la dirigencia, como es mantener vigente la pobreza y analfabetismo para un fácil manejo y explotación. (M. Gandhi). Manejaron tan bien el ardid, que hicieron creer al obrero que el Estado les daría todo aquello que necesitaran sin mayor esfuerzo, o más bien sin ningún esfuerzo. En realidad lo que lograban es obligarlos a negociar lo más caro a todo ser humano: Renunciar a su dignidad.

Las célebres palabras de Tomás Bulat, economista argentino fallecido en accidente automovilístico en Ramallo el 31 de enero de 2015, cuando regresaba de dictar una conferencia en Rosario, sintetizan lo hasta aquí tratado. “Cuando se nace pobre, estudiar es el mayor acto de rebeldía contra el sistema. El saber rompe las cadenas de la esclavitud”. Cualquier interés en aclarar lo que quiso decir, distraería toda la riqueza que acumula tan brillante y triste expresión. ¿Por qué hago hincapié en el tema educación? Simple, es nacer a una nueva vida. Es conocer para qué y por qué estoy en el mundo. íCuánto de importante soy y cuál es mi proyecto de vida!

Comencemos por el último país que valorizó este enfoque y lo adoptó: Singapur, pequeña isla asiática que pasó de la pobreza extrema, a ser la cuarta potencia económica del mundo. ¿Cómo se logró el cambio? Lee Kuan Yew en 1959, presidente electo, (repite el cargo en siete oportunidades al ser reelecto), como primera medida propuso ordenar la Nación. Para lo cual inició una campaña destinada a combatir la corrupción, y si bien lo hizo de manera poco recomendable, le dio buen resultado. Comenzó por aplicar la ley, a la cárcel los corruptos enemigos de la patria. No dio resultados. Cambió por castigo corporal, e incluso la pena de muerte, actitud que le llevó a ser cuestionado por los defensores de los derechos humanos. Pero también mencionado como ejemplo por el presidente Obama de EEUU y por el premier británico. Durante su prolongado mandato, creció la educación, sanidad y la competitividad económica. Todos sus habitantes debían dominar el inglés y chino mandarín. Creó e intensificó infraestructuras y programas para capacitación en ciencias y tecnología. Todos sus moradores entendieron por donde pasa el bienestar y crecimiento personal, y del pueblo. La educación una vez más demostraba su importancia y los hacía diferentes a otros países de la región y el mundo. Estados como Islandia, Finlandia, Dinamarca, Noruega, entre otros, aplicaron la misma política con iguales resultados, hoy son ejemplos a seguir (estos sin violencia). Aunque rápidamente debo aclarar, otros males nacidos en la miseria humana les acechan. Volvamos a lo nuestro. Los padecimientos argentinos son parecidos a los que sufría Singapur hacia 1960.

Terminar con la corrupción debía ser la primera acción a concretar. Comenzar por aplicar la ley con el rigor que corresponde es lo más sano para el sistema y armónica convivencia. Todos iguales en derechos y obligaciones harán que el ciudadano anónimo confíe en sus gobernantes y cumpla con su tarea; sea esta chica o grande. Significa que comenzó a valorar su “dignidad”. Cuando quienes tienen la obligación de velar por la salud física y psicosocial de sus habitantes, usan sus energías para crear fuentes de trabajo, recursos y ambiente necesario para promocionar y consolidar la unidad familiar, las investigaciones, ciencias y tecnologías; podemos decir que son dirigentes sanos y capaces. De manera tal evitarán sean cargos ocupados por ciudadanos de malos antecedentes, construyendo de buena manera los cimientos del país que San Martín, Belgrano y Sarmiento entre otros próceres soñaron.

Fuente: https://www.eltribuno.com/salta/seccion/policiales