Esta corrección podría permitir que los bonos soberanos sigan aumentando de precio y que empiecen a operar como lo hacen países con riesgo crediticio similar a los de Argentina.
El mercado ve con mayor potencial en los bonos más cortos dentro de la curva.
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Buscando el despegue de Argentina
Los bonos argentinos se vieron favorecidos por un contexto global positivo, con una baja de tasas de interés de los bonos del Tesoro de EE.UU. desde octubre.
Esta baja de tasas empujó al alza a los bonos emergentes, con ganancias de 10%, mientras que la deuda argentina subió más del 50% en el mismo período.
Es decir, los bonos argentinos acompañaron la tendencia global, pero también se potenciaron con factores locales durante el último trimestre del año, en particular con la variable política y la expectativa de cambio de Gobierno, con la victoria finalmente de Javier Milei en las elecciones presidenciales.
El mercado se entusiasma con el giro político hacia un gobierno ortodoxo, con la promesa de un ordenamiento fiscal y monetario.
Esta misma expectativa es lo que hace suponer que, en el caso en el que el Gobierno sea exitoso, podría llevar a la deuda argentina hacia niveles superiores respecto de los valores actuales.
Los analistas de Portfolio Personal Inversiones (PPI) consideran que el futuro para la deuda soberana en dólares parece ser optimista y esperan que la curva de bonos soberanos se normalice y opere similar a países con riesgo crediticio similar.
Entre sus argumentos destacan que el principal objetivo de la nueva administración es el ordenamiento fiscal, a la vez que se busca alcanzar una normalización del mercado cambiario y se avecina una cosecha gruesa que promete ser satisfactoria.
“Con estos factores y metas se podría lograr una notable acumulación de reservas lo que disminuiría la necesidad de financiamiento. En este contexto, podríamos presenciar una normalización de la curva de bonos soberanos. El rendimiento de Argentina podría converger a niveles similares a países con una calificación un escalón por encima de la nuestra (B-)”, afirmaron.
Curva invertida y normalización
Actualmente la curva de bonos de Argentina está invertida.
Esto significa que los bonos del tramo corto rinden más que los bonos del tramo largo, es decir, el mercado asigna más riesgo de incumplimiento a la deuda de menor plazo que a la de mayor plazo.
El tramo corto de la curva rinde entre 35% y 43%, mientras que el tramo medio y largo opera con tasas de entre 20% y 25%.
Cuando esto sucede es porque el mercado desconfía sobre la capacidad y/o voluntad de pago del Gobierno se sus vencimientos más cortos.
Esta sospecha se da a causa de la deteriorada situación macroeconómica y del balance del BCRA que está sin reservas.
Sin embargo, y pese a esta situación, la promesa de correcciones de los desequilibrios hace pensar que la inversión de la curva podría corregirse con el tiempo, lo cual abre oportunidades de inversión para los bonos.
Desde PPI ponen el ojo en los bonos más cortos, los cuales consideran que tienen un potencial alcista mayor si es que la normalización de la curva efectivamente ocurre.
“La normalización de la curva implica que los bonos cortos rindan menos que los largos, lo cual se traduce en una mayor compresión de tasa en el tramo corto. Vemos que el GD35 tendría el mayor potencial al alza para este año, donde el efecto duration prevalece sobre los pagos de cupones y de capital”, sostuvieron desde PPI.
En el informe de PPI remarcan que el potencial alcista de los bonos para que operen como los créditos B-, el GD29 subiría 116% respecto de los valores actuales, mientras que el GD30 ganaría 107%.
El GD35 es el que más avanzaría, ganando 119%, mientras que el GD38 mostraría una ganancia de 99%.
Finalmente, el ejercicio de PPI remarca que los bonos más largos podrían subir entre 100% y 114% si es que la curva comprime hacia los niveles con los que operan los bonos de créditos B-.
Los bonos cortos, los preferidos
Una curva normal significa que los bonos más cortos rinden menos que los más largos. Es decir, que las tasas van creciendo a través del tiempo.
Por lo tanto, ante la expectativa de que se normalice la curva, ese proceso debería hacer subir más a los bonos del tramo más corto que los bonos más largos.
El potencial de recuperación es mayor para los bonos más cortos, los cuales tienen más espacio de compresión que los más largos, ya que las tasas actuales de los bonos con menor vencimiento son más altos que los de mayor plazo.
Por esto se explica que los bonos a 2030 y 2035 estén entre los favoritos por parte de los analistas.
Los analistas de Facimex Valores también esperan una convergencia de los bonos argentinos hacia los créditos “B”.
“Argentina cotiza en línea con los créditos “CCC” en la escala de S&P Ratings, que son países vulnerables como Ucrania, Pakistán, Bolivia o Etiopía. Algunos de ellos están en guerra o guerra civil. Converger hacia los países calificados como “B” implicaría una compresión de rendimientos a la zona de 12%”, señalaron.
En ese proceso, y con el foco en un camino de convergencia hacia créditos B, desde Facimex Valores priorizan los bonos del tramo corto como el GD29 y GD35.
También destacaron que sigue habiendo atractivo en el GD30, a la vez que reconocen que luce conveniente apostar al AL30 (ley local) especulando por que gradualmente vaya desapareciendo el spread por legislación entre ambos instrumentos.
En el ejercicio de Facimex Valores, una convergencia hacia los créditos B implicaría que el GD 29 podría subir 85%. Detrás de este bono se encuentra el GD35, con un upside potencial de 76%, el GD 46 (7,16%), el GD30 (67,5%) y el GD38 (60,8%).
Si la convergencia fuese hacia créditos BB, el potencial alcista sería aún mayor.
Según cálculos de Facimex Valores el tramo corto de la curca subiría entre 97% y 113%, el tramo medio ganaría entre 119% y 148%, mientras que el tramo más largo avanzaría entre 131% y 143%.
Desde la consultora 1816 consideran que, aun luego del buen desempeño relativo reciente, para quien quiera apostar por una normalización de la curva soberana, el GD30 sigue siendo el bono con mayor potencial alcista.
“Haciendo un análisis de sensibilidad de retorno total a fin de año de Globales, con exit yields de 12% al 18% a fin de año, es decir, escenarios de normalización del crédito soberano, vemos que el GD30 tiene un potencial alcista de entre 73% y 95%”, explicaron.
Yendo al mejor escenario, apostar a que los bonos rindan 12%, el GD35 ganaría 96%, según sus cálculos, apenas por encima del 95% que subiría el GD30 y del 92% que avanzaría el GD46.
Los analistas de Schroders detallaron cual sería el potencial alcista que tendrían los bonos soberanos en dólares si convergiesen a la curva promedio de los pares más próximos, con Rating entre BB+ y B.
La conclusión de Schroders es que, en un escenario de administración satisfactoria de la deuda, los bonos más cortos son los que evidenciarían el mayor potencial alcista producto de una mayor compresión, especialmente si la convergencia se hace a los pares de peor Rating.
Según cálculos de Schroders, si la Argentina cotizase como Ecuador, Egipto, Turquía o Nigeria, el potencial alcista sería de entre 141% en el GD29, mientras que el GD30, y el GD35 subirían 121% y 119% respectivamente.
Fuente: https://www.cronista.com/

