El número del último mes de 2023 -año en el que la inflación acumuló 211,4%, récord desde 1990- se explica en gran parte por el traslado de la devaluación del 54% (salto del dólar oficial de 118%) a los precios, además del desarme de regulaciones que montó en los últimos cuatro años el gobierno de Alberto Fernández, Cristina Kirchner y Sergio Massa, que atrasó precios como el de los combustibles, las prepagas y las tarifas y generó acuerdos con los privados como Precios Justos, que progresivamente fueron causando desabastecimiento de productos básicos.
“El número es claramente mejor al esperado por el consenso de los economistas privados, que proyectaban una inflación muy cercana al 30%”, celebraron esta tarde en el Ministerio de Economía. La lectura que hicieron Caputo y su equipo reforzaron su “convencimiento” de que “vamos por el camino correcto”.
El equipo económico sabe que “va a ser duro en el corto plazo”, pero confía que esta vez “vamos a salir adelante” y está plenamente seguro sobre las bondades del programa que empezaron a aplicar en diciembre, caracterizado por un mega ajuste fiscal de 5 puntos del Producto Interno Bruto (PIB), equivalente a 30.000 millones de dólares; una devaluación que sirvió para empezar a acumular reservas en el Banco Central (BCRA) por u$s 3600 millones en el primer mes -de los cuales u$s 900 millones se fueron para pagar al Fondo Monetario Internacional (FMI)- y una licuación de pasivos monetarios y de ahorros de las personas.
Por estas complicaciones, Caputo y sus colaboradores festejaron que, pese a todo, “el apoyo de la gente a las nuevas medidas es altísimo”.
“Esperamos que la política esté a la altura de las circunstancias”, subrayaron, en referencia principalmente a que el Congreso debería aprobar la ley ómnibus y ratificar el Decreto de Necesidad y Urgencia (DNU) 70/2023 de desregulación de la economía”.
De otra forma, Caputo advirtió: “Si la ley no pasa, las medidas económicas van a ser más duras”.
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