A diferencia de lo que podría considerarse habitual, los explosivos fueron lanzados desde una esquina y de abajo, no desde el centro de la popular. Y como para certificar que no fue un acto planeado por la barra, fueron los mismos que estaban subidos en los paravalanchas quienes bajaron y fueron a hacer “justicia” con los que estuvieron a punto de suspender el partido.
¿Quiénes? ¿Por qué? ¿Con qué objetivo? Son preguntas que quedaron latiendo en Boedo. Sin respuesta. Al igual que la ausencia de Néstor Navarro, el vice 1° que debería ocupar el lugar de Moretti tras su pedido de licencia, se volvió el viernes a su casa en Uruguay y se quedó allí, ni siquiera se hizo presente en el estadio.
El futuro azulgrana no es nada alentador. La respuesta del empresario ganadero se espera para las próximas horas pero el run run es que está más afuera que adentro y entonces el desborde institucional promete seguir sumando capítulos para ver quién asume ser la máxima autoridad de un club en llamas.
Y ahora, encima, con el equipo pensando en los octavos de final (ya está clasificado aunque todavía le queda jugar la última fecha de esta etapa contra Sarmiento en Junín), el club se expone a sanciones por el incidente de las bombas de dudosa procedencia.
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