El fútbol es un deporte sencillo de explicar: hay que patear una pelota y gana el que más veces la mete en el arco rival. Lo que ya es difícil de comprender es por qué a River le cuesta tanto sacudir la red y poder gritar gol. Por qué esos tres palos que forman una estructura de 7,32 metros de ancho por 2,44 metros de largo se convierten en escasos centímetros para el equipo de Marcelo Gallardo a la hora de la definición. Por qué no genera confianza ni siquiera tener un penal a favor, circunstancia en la que el pateador tiene más ventaja sobre el arquero. Esas tres letras, tan lindas de unir y pronunciar, ya son un déficit preocupante en Núñez y que anoche lo llevó a sumar apenas un punto en el Monumental a pesar de la superioridad abrumadora durante los 90’ -el desarrollo fue para goleada- ante un Barcelona de Ecuador que sí festejo aunque no le haya apuntado ni una sola vez a los guantes de Franco Armani. Leer más.
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