El año de River tiene por delante una Copa Libertadores en la que empezó con un triunfo en Perú, el Mundial de Clubes para el que faltan un par de meses largos, la Copa Argentina en la que también arrancó ganando, los playoffs del campeonato local para los que el equipo salvo una tragedia clasificará: el 2025 del CARP recién empieza, pero la sensación en el aire del colectivo riverplatense es otra -es sensación de noviembre, de diciembre- y es razonablemente otra al ver jugar a un equipo que no contagia, que no logra tener una identidad fuerte, en la que no se ve reflejado su entrenador, un equipo que de un River de Gallardo apenas tiene a las personas, empezando por el mismo Gallardo, que funcionan como cáscaras de algo que todavía está vacío. Leer más.
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