“Ejercer la medicina es un arte”: la historia de Graciela Blunno

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En realidad, lo que dice la doctora Graciela Blunno, o al menos lo que se puede interpretar, es que el hecho de curar es una obra maestra en sí misma.

En realidad, lo que dice la doctora Graciela Blunno, o al menos lo que se puede interpretar, es que el hecho de curar es una obra maestra en sí misma.

Con colores, con olores, con las manos, con los abrazos, con el conocimiento occidental, con la ancestralidad oriental, con la música, las pinturas y hasta con el teatro, la doctora Blunno cura y mejora la calidad de vida de las personas en Salta.

A Blunno la delata la tonada de su Córdoba “capiiiital”.

Vivió allí su infancia, en el centro de la ciudad, y a los 17 años ingresó a la carrera de Medicina de la Universidad Nacional de Córdoba. Siempre le fue bien estudiando; el cursado de la carrera universitaria no le impidió ingresar a la Escuela de Teatro cuando tenía 18 años. En 1976 se recibió de directora de teatro y luego, en 1977, se recibió de médica cirujana.

Ese indicio comienza a desenredar una trama de años de praxis, buscando la forma más humana y empática de curar a las personas. Es también la historia de otras generaciones cruzadas por los condicionamientos de los padres, por los imaginarios sociales de “m’hijo el doctor”, y que se convierten en historias de búsqueda.

Ella tomó el camino del arte como curativo, como el combustible necesario para seguir viviendo plenamente. “A mí me encanta todo el arte. Si bien soy directora de teatro, me fascino y me pierdo en la música y la pintura. En Córdoba hice obras de teatro para niños, salí en los diarios y gracias al teatro pude superar mi tartamudez. Ahora hablo y hablo, pero cuando era joven me costó una enormidad ponerme de frente al público y hablar. Gracias al trabajo de la foniatría pude superar todo. También el arte me permitió alejarme del mandato familiar de la carrera de Medicina”, le dijo Blunno a El Tribuno antes de que comenzara a dictar una clase.

El arte y la medicina permanecerán en su esencia de manera indisoluble. El teatro con los pacientes será como una premonición, como algo que se irá cayendo por su propio peso, como una película en donde se puede ir anticipando el desarrollo.

Pero no es así. Con el título de la UNC, consigue luego una beca en Estrasburgo, Francia, para estudiar la especialidad de Nefrología en la Universidad Luis Pasteur “allá por el año 1980”. Es tan feliz y estudiosa en Estrasburgo que aprende a hablar un perfecto francés, comienza a traducir trabajos de su ámbito académico y se convierte en “asistente extranjera”. Traducía hasta los congresos de las diferentes especialidades médicas.

En el edificio donde ella vivía, unos dos pisos abajo, residía Emil Vodder, y ella lo espiaba. Vodder es el padre del drenaje linfático manual, al que todos llaman “método original de Vodder”. Como es de suponer, la joven Graciela bajó los dos pisos, tocó la puerta, se presentó y, al poco tiempo, ya estaba aprendiendo el método que luego le abriría una puerta más.

En 1983 se termina la beca y regresa a Córdoba. “Vuelvo a mis padres”, dijo ella.

Pero en La Docta no consigue trabajo y aparece una oportunidad en la salteña localidad de General Güemes. Sí, la que está sobre la ruta nacional 34.Pasó de Estrasburgo a Güemes “sin tocar tronera”. “En Güemes no habían nefrólogos, por lo que me recibieron con los brazos abiertos. Recibí un cariño muy grande, encontré muchos afectos, como por ejemplo la que ahora es mi comadre Nora Marchetta. Con ella abrimos en 1986 un centro de diálisis y luego sí me vengo a Salta a trabajar. Abrimos acá otro centro de diálisis y ya me quedo definitivamente en Salta. Cuando me preguntan cuántos años estoy en Salta, yo digo que desde la vuelta de la democracia”, dijo.

El amor

Su historia en esta provincia es fascinante. En Córdoba conocía a un visitador médico que alguna vez le conmovió como una mariposa en el estómago. Muchos años después se enteró de que ese muchacho, llamado Carlos, también vivía en el mismo edificio que ella alquilaba en esta ciudad. Por supuesto, también dos pisos más abajo.

Carlos estaba en un proceso de divorcio y, ni bien concluyó el trámite judicial, subió los dos pisos y se casó con Graciela, allá por el año 2004.

En medio de todo eso, Graciela fue jefa del Incucai Salta por al menos dos años. En 2006 se recibió de profesora de yoga y en 2022 obtuvo la Diplomatura de Medicina Tradicional China, expedida por la Escuela AN MO de la Universidad de Rosario. Hasta un posgrado en Medicina Estética tiene, obtenido en 2018.”Yo creo que la medicina es también un arte, es posible curar por medio y con el arte. Además, tiene que haber un vínculo especial entre el enfermo y quien lo cura; los médicos debemos tener empatía con nuestros pacientes. Por eso yo jamás hice una disociación de mis dos formaciones: arte y medicina”, declaró.

En 2019, Graciela pasaba caminando por la sede vieja de Asalma (Asociación Salteña de Masajistas) y vio que dictaban cursos. Entró, se anotó y comenzó las clases con otras tres compañeras que luego se recibieron. Se acuerda del nombre de su profesor (Tomás Albesa), quien le permitió hacer lo que quisiera en su cursado.

Graciela Blunno es una médica nefróloga y directora de teatro que encontró en el arte un complemento esencial para la medicina. Desde su formación en Córdoba hasta su llegada a Salta, integró conocimientos científicos con prácticas artísticas y terapias alternativas como el drenaje linfático y la reflexología. Su trayectoria incluye una beca en Francia, donde conoció al creador del método Vodder. Graciela Blunno encontró en la combinación de la ciencia y el arte su manera de sanar.

“Yo no me puedo acordar de la situación exacta. Ya estaba recibida cuando llegó a Asalma una mujer con las piernas hinchadas. Ahí me acordé del método Vodder; yo había estudiado con el creador del masaje de drenaje linfático. Le pedí a Tomás que me dejara hacerlo y fue maravilloso. Me dejaron entonces ejercer la docencia y comenzamos a dar cursos de todo lo que hace bien y cura: reflexología, drenaje linfático, maderoterapia, etc. Al día de hoy utilizamos aportes de la medicina china, que tiene más de cuatro mil años, de los meridianos, de la cronoterapia, de la aromaterapia, y, por supuesto, del arte. Es por eso que yo digo que ejercer la medicina es un arte”, dijo.

Graciela Blunno se recibió un 29 de julio de 1977. Son 47 años de médica y 48 como practicante activa del arte. Lo más significativo es que todo el conocimiento que fue adquiriendo lo transfiere por medio de la enseñanza en nuestra ciudad. Ese humanismo, el respeto al paciente con su alteridad y la inclaudicable premisa de hacer el bien es lo que caracteriza a la doctora Blunno.

Otro detalle es que no tiene familia de sangre y su compañero falleció hace unos meses. “En todos los grupos donde me sumé hay mujeres: en flores de Bach, en Asalma, en yoga, con mi comadre Nora; siempre he tenido a mujeres siendo mi sostén como familia de vida”, concluyó emocionada.

Fuente: https://www.eltribuno.com/salta/seccion/policiales