Después de arrancar desde el banco frente a Lanús, San Martín de San Juan y Estudiantes, el colombiano fue de la partida y más allá del despliegue durante las dos horas de partido, un aspecto a reconocer, jugó mucho de espaldas, perdió los duelos frente a la zaga Portillo-Rodríguez y cuando estuvo en zona de disparo, su hábitat preferido, le faltó poder de juego y en un par de ataques tomó decisiones que reflejan cierta falta de confianza.
Al implacable goleador de los 30 gritos en 2024 se le mojó la pólvora. Aquel delantero que llevó su bolsa de pepinelis bajo el mando de Martín Demichelis, actuaciones que, por ejemplo, le permitieron jugar la última Copa América con Colombia, tuvo un bajón pronunciado con la llegada de Marcelo Gallardo.
El cambio de entrenador también cambió su juego. De estar siempre listo adentro del área para convertir, pasó a tener que alejarse del arco para entrar en juego y aún no termina de cumplir las expectativas, lo que transformó en pocos meses los aplausos de los hinchas al máximo artillero del actual plantel en murmullos y hasta algunos silbidos.
Miguel Borja intenta dejar en el camino a Ortegoza. EFE.
En las dos ocasiones claras que tuvo en la Nueva Olla decidió, en mejor posición, cederle la bola a un compañero, extraña generosidad que no suele ser propia de los #9 que disfrutan de convertir. En la primera, de frente al arco, eligió ceder al medio y Gastón Benavídez tuvo un despeje salvador tras el disparo de Facundo Colidio. Y en otra acción, bien atorado por Guido Herrera en el área, eligió pasarla hacia atrás y originó una contra de la T.
Borja y Casco con los hinchas. Prensa River.
Un tiro al arco de Talleres, 25 pases en todos el juego, 12 pérdidas y dos duelos ganados de seis. Esas estadísticas suenan a muy poco para un Borja que no le devolvió la confianza a Gallardo, sin poder meterse en la dinámica de un equipo que carece de fiereza y agresividad en los metros finales: River nunca en su historia había iniciado un año con siete goles en nueve partidos.
A pesar de sus ganas de quedarse en Núñez a pelearla, la falta de generación de juego del equipo de MG lo deja por momentos desconectado del andamiaje ofensivo y las pocas que le quedan, inmerso en un contexto en el que no se lo ve cómodo, no suelen ir a los tres palos. Por ahora, el Colibrí de River versión 2025 está muy lejos de picar en flor en flor…
La tanda de penales que consagró a Talleres ante River
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