Al tratarse de un niño, no tendrá ninguna imputación penal como adulto; el club le aplicará derecho de admisión para que no entre a la cancha, y el ministerio de Seguridad extenderá esa prohibición a los padres. De hecho, en la fiscalía se presentó acompañado por la mamá.
Aunque se trató de un hecho aislado y no encuadra en los antecedentes del club de internas entre barrabravas, posiblemente el Tomba sufra multa, prohibición de concurrencia de público y quizá quita de puntos (en 2024, le sacaron tres y al mes y medio se los devolvieron).
Al parecer, el fiscal, que no lo puede procesar por ningún delito por su condición de menor inimputable, le ordenará asistir a un tratamiento psicológico.
Pero este problema, el gran problema, no se resolverá ni con el psicólogo, ni cambiando la edad a la que por ley se los pueda encarcelar, ni con multa, ni con indignaciones en caliente y habituales olvidos en frío.
No, hasta que pensemos en serio qué clase de monstruos estamos creando para después asustarnos por cómo actúan. Un pibe de 13 años no tiene 2 ni 5, no es que no sabe lo que hace o no pueda representarse que podía haber lesionado gravemente a un laburante, que no es otra cosa Diego Martín, tirándole un caño desde la platea.
Pero ese pibe está replicando las conductas que ve todo el tiempo en sus mayores, que van a la cancha a putear, a pelearse, a tirar piedras, a amenazar con que al referí o a los contrarios hay que matarlos.
El árbitro Falcón Pérez con el caño que lastimó a su colaborador.
Godoy Cruz – Así fue la agresión al juez asistente Diego Martín Un hincha de 13 arrojó el caño desde más de 20 metros y le dio en la cabeza. Fuente: TyC Sports.
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