Pero si este grupo supo levantarse de un 0-5 vergonzoso en lo deportivo en cancha de River y de perder una final por penales cuando había hecho mucho para ganarle el título a Estudiantes, ¿por qué no podía confiar en lo que tenía?
Esto es fútbol y si Vélez sentía temor es porque se le había escurrido la Copa Argentina y los de atrás iban por lo que hace muy poco parecía su corona asegurada. Sin embargo, el equipo de Quinteros tuvo lo que no tuvieron sus competidores: jerarquía y temple en este último paso. Vélez jugó como un campeón. Y si Talleres de nuevo flaqueó en un momento decisivo más allá del gran mérito de haber llegado hasta donde llegó, si no pudo ni meterle miedo haciéndole un gol rápido a Newell’s, el campeón sí buscó su tesoro con fútbol, empuje y convencimiento.
Vélez campeón.
Las frases finales de los campeones son una síntesis. A cada pregunta de por qué fueron primeros, no llegó la típica respuesta de “porque tenemos huevos” sino “porque fuimos los mejores y jugamos muy bien”. Es un gran resumen, en caliente, porque tuvo pasajes de alto vuelo durante una racha ganadora que le permitió sacar una gran diferencia y bancar los trapos pese al cansancio y las dificultades en el sprint final.
Difícilmente un campeonato tan largo no se lo lleve el mejor. Pudo haber sido de Huracán, que bastante dio y se vio superado en todo sentido. También de Talleres, que no olfateó sangre para arañar la copa. Fue de Vélez por varios pibes del club como Valentín Gómez y los Fernández, por los destellos de Aquino, por la madurez de Brian Romero. Y por un conductor como Quinteros, con su bautismo en el fútbol argentino, que atravesó tormentas internas (como el insulto de Elías Gómez vs. River) y puso de pie a Vélez después de mucho para seguir construyendo.
Vélez campeón.
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