El miércoles 16 de octubre por la mañana, luego de desayunar whisky, Liam Payne abrió su laptop Mac y buscó prostitutas en Internet para que lo acompañen en su habitación del tercer piso del hotel CasaSur. No contactó a un proxeneta VIP, a mujeres que venden sus servicios en las torres de Puerto Madero. Eligió del catálogo de Gemidos, un popular sitio de escorts. Contactó a dos mujeres por separado, mujeres que no se conocían entre sí. Estaban lejos de ser trabajadoras sexuales VIP: eran oriundas de zonas como El Talar e Isidro Casanova, madres solteras, beneficiarias de planes sociales que nunca tuvieron un empleo en blanco en sus vidas. Una ejercía la prostitución a través de contactos y publicaciones en Internet; la otra, directamente, lo hacía en un privado, un departamento porteño. Payne les prometió, probablemente, el dinero de una vida: cinco mil dólares.
-¿Pueden traer cocaína?, les dijo el ex One Direction.
-Pedimos ahí, respondió una de ellas.
Tributo a Payne en Wolverhampton, su ciudad natal (REUTERS/Temilade Adelaja)
Así, las mujeres ingresaron al CasaSur poco después de las 11. No fueron ingresadas como visitas en la computadora de la recepción; sin embargo, entregaron sus documentos para ser fotocopiados, lo que permitiría a la Policía de la Ciudad identificarlas y allanarlas poco después. Payne pidió room service: whisky escocés, champagne Möet Chandon, que el hotel no tenía, y 300 dólares cash.
Según fuentes del caso, el pedido habría sido reportado a Rogelio Nores, el empresario argentino hoy imputado por la muerte de Payne. Nores, según las mismas fuentes, controlaba el flujo de dinero de Liam, habría autorizado el consumo, a sabiendas de que Payne estaba tratado con sertralina, un potente antidepresivo que, mezclado con alcohol, podría ser fatal.
Los 300 dólares, creen los investigadores, no eran para las chicas, sino para pagarle a un posible dealer, el también imputado Ezequiel Pereyra. Para complacer a Payne, el personal del CasaSur tuvo que correr a un supermercado chino cercano. Allí, compraron para la estrella pop una botella del poco costoso Johnny Walker etiqueta negra.
El lobby del hotel CasaSur, donde ocurrió el escándalo con las trabajadoras sexuales (RS Fotos)
Payme y las prostitutas tuvieron sexo; lo relataron ellas mismas en sus declaraciones posteriores en la causa investigadas por el fiscal Andrés Madrea, en donde mostraron las capturas de pantalla de sus conversaciones. La Policía Científica encontró dos preservativos en el lugar. Bebieron champagne. Liam, según sus testimonios, se arrodillaba ante ellas, les decía que las amaba, ‘I love you, I love you’, les prometía su reloj Rolex. A las prostitutas, esto les pareció particularmente tierno, caballeroso incluso.
Bajaron al lobby del CasaSur poco después de las 13, se sentaron en los sillones grises, esperando que Payne baje y abone. Payne bajó. Se volvió a poner de rodillas, prometió de vuelta su amor, pero no pagó. Rogelio Nores llegó a la escena para resolver la situación. Según creen fuentes del caso, ocurrió un pago parcial, muy lejano a los cinco mil dólares prometidos. En el medio, una de ellas aseguró: “Me olvidé mi maquillaje en la habitación”. Liam la acompañó, tomaron el ascensor juntos. Allí, el reloj Rolex de Payne desapareció. Las mujeres fueron allanadas; efectivos de una fuerza de seguridad entraron por la fuerza al privado donde una de ellas se prostituía. El Rolex no apareció, sigue extraviado hasta hoy.
A pesar de este allanamiento, los investigadores de la causa, por lo pronto, no las consideran posibles imputadas. Los teléfonos de ambas, en manos de la Justicia luego de que los entregaran, todavía no fueron abiertos, así como el celular de Nores y la computadora de Liam Payne. Mientras tanto, esta última semana, las trabajadoras sexuales designaron un abogado en la causa, el letrado Martín Castillo. Formalmente, como testigos, no lo necesitan. Sin embargo, este letrado se presentó en el Juzgado N°34, interesado en los contenidos del expediente, particularmente, en lo que hay en los teléfonos de las mujeres.

