Supongo que es más cómodo quedarse esperando las 8 de la noche y asistir a la recepción de turno, que embarrarse los zapatos, visitando las provincias o el interior de las respectivas naciones donde están acreditados, tejer alianzas con gobernadores, con intendentes, cámaras empresariales y que escasea la noción de que toda la embajada y el personal, trabajen desde la principal oficina que deben tener: la calle. Siendo parte de una familia con tres generaciones de diplomáticos, y habiendo sido yo mismo funcionario en dos misiones diplomáticas argentinas en el exterior, he sido testigo de la poca ductilidad de nuestros representantes para vender al país y establecer líneas o enlaces comerciales que les permitan mostrar o impulsar lo nuestro.
Mientras muy pocos analizan las circunstancias de la política interna de los respectivos países, estimo que mucho menos aún, poseen información real y contactos para evaluar lo que verdaderamente pasa donde se hallan destinados.
No tienen corresponsales o referentes, más allá de las ocasionales conversaciones con sus pares, y sus acercamientos con los funcionarios tanto oficiales como opositores prácticamente no existen.
Sería importante leer algunos informes que se elevan a la Cancillería para evaluar e interpretar estas afirmaciones y mirar las realidades que están pasando, o mejor dicho que no están pasando
Hoy la Argentina tienen un presidente que es noticia en cualquier rincón del mundo. Por su actitud, su convicción y hasta transgresión está marcando una agenda que no es promovida por las embajadas. Eso no significa propaganda, sino mostrar que los cambios que necesita -y lo voy a regionalizar- nuestro continente saldrán de actitudes como las que está tomando nuestro presidente Javier Milei. Si al azar hacemos un interrogatorio o cuestionario a buena parte de los funcionarios de nuestras representaciones, notaremos respuestas ambiguas sin convicciones, y de más está decir que eso no nos sirve para nada, ya que son un reflejo de su poco compromiso y de la nula puesta en valor de las funciones que les han sido asignadas.
Recorro permanentemente América Latina en consultorías para organismos internacionales. Me considero un respetuoso de la carrera y de la Casa, pero cuando llego a un lugar siempre hago la misma pregunta: ¿Qué hace la embajada o sus funcionarios?
La respuesta siempre contiene el mismo mutismo.
Necesitamos transformar desde la raíz del Instituto del Servicio Exterior esa mentalidad del diplomático frívolo, dado a las formas y no a los fondos. Necesitamos introducir la impronta de que, si está en el exterior, tienen que hacer algo más por nuestro país que cantar el himno y servir empanadas el 25 de mayo. Los representantes argentinos en el exterior deben convencerse de convertirse en los líderes de la corriente y las ideas de la libertad que necesitamos para reposicionar al país y ponerlo de pie. De lo contrario seguiremos acomodando elegantemente los platos en las recepciones y sirviendo prolijamente en los cócteles las galletitas con caviar.
Fuente: https://www.infobae.com/america/

