La buena noticia, la obvia, es el triunfo en sí mismo, es el cambio de ánimo, de ambiente, también de energía. Es salir de la seguidilla de derrotas vergonzantes y empates deslucidos, es por fin ver a Boca salir del grupo del fondo de la tabla y es, por encima de todo, haber evitado una pueblada en La Bombonera que se llevara puesta no ya sólo a los jugadores, sino también a la dirigencia y al ciclo de Gago, que poco -o menos- tenía que ver en la debacle. En lugar de eso, el triunfo vino de la mano de una actuación convincente -categoría goleada- y de un público que terminó allá arriba, reconciliado (y emocionado) con el mismo equipo al que había deshauciado 10 días atrás. Leer más.
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