Sus manos forman un emoji que le ofrece disculpas al Monumental. Mientras desde la Sívori se deja escuchar un “Micho es de River, de River de verdad”, la pantalla king size que le da la espalda al Río de la Plata muestra a un deté destrozado. Un tipo de 43 años que solloza golpeado, deprimido, angustiado, al tiempo que recorre por última vez la hierba híbrida del estadio en el que alguna vez (¡hace un año, nomás!) ganó 20 partidos consecutivos y se transformó en récord. Donde dio una vuelta olímpica en una liga que se llevó con holgura. Donde todo alguna vez fue tan bien que quizás hasta lo sorprende el hecho de estar yéndose. Leer más.
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