En el encuentro pautado con Demichelis, Francescoli y Ponzio buscaron semblantear al entrenador. Escuchar de su boca lo que durante la mañana les había dicho a los jugadores: que tiene “energías” para sacar adelante el momento más delicado de su ciclo –y el más difícil del fútbol de Núñez en una década.
Una situación casi contracultural para un club que venía habituado a las mieles de la victoria y que hacía tiempo no transitaba sus días en un clima tan espeso. Y que ameritaba un apoyo moral de parte de los dos integrantes del área de fútbol para el deté, quien -rezan desde su entorno- nunca evaluó dimitir tras el 1-2 en el Malvinas Argentinas.
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