Gastón, dueño de Libralatina, hace un mes que no para de recibir gente que dice haberle comprado ropa a través de su página en Facebook.
El problema es que él no tiene Facebook. “Cuando les digo se quieren morir. Es gente que pagó sumas muy importantes y viene de todo el interior del país”, cuenta.
Ya denunció varias veces la página porque no sólo están estafando a sus clientes. También a él usando el nombre de su negocio. “La dan de baja unos días y después arman una nueva”, se resigna.
María es la otra cara de esta moneda. Tiene un pequeño local de ropa en Concepción, Tucumán, y cuando vio la publicación en Facebook se tentó. Ropa muy linda y a muy buen precio.
Con sus ahorros y las señas que le dejaron muchos de sus clientes compró 31 conjuntos por 361.700 pesos. Como pasaban los días y no le llegaban, mandó al local de Avellaneda a un familiar que vive en Buenos Aires.
Recién entonces descubrió que la habían estafado. No sólo perdió su plata y la de sus clientes. También perdió su local. Es que el golpe fue tan duro que decidió cerrarlo.
Fuente: https://salta.telefe.com/redes

