Ella hacía un mes que trabaja como asistente en la peluquería. El 20 de marzo estaba sentada al lado de Germán Medina cuando Abel Guzmán sacó una pistola y lo mató de un tiro en la cabeza.
“Antes de matarlo a él me amenazó de muerte a mí”, recuerda Noelia y no puede borrárselo de la mente. “Yo pensé que nos mataba a todos”, agrega.
Nunca más pudo ir a la peluquería. Ni quisiera a buscar sus cosas. “Tampoco me animo a caminar por Recoleta o Palermo”, cuenta, en medio de una angustia que la asfixia.
Y explica por qué: “Hasta que él no esté preso yo no voy a encontrar un poco de paz”.
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