¿Qué pasó? ¿Por qué el equipo se desmoronó de forma abrupta? Después del bombazo que precipitó una caída al abismo, las preguntas invadieron un vestuario caliente en una cancha que se incendió de bronca. No sólo el cuerpo técnico se formuló esos interrogantes, sino también los jugadores. Todos saben que encontrar las respuestas es imprescindible para establecer un dagnóstico preciso y comenzar la reconstrucción. Todos coinciden en la necesidad de empezar a trabajar rápido, ya que el compromiso 2 de mayo podría jugarse el partido de Copa Argentina ante Juventud Unida de San Luis y el fin de semana del 12 será el primer partido del próximo torneo ante Talleres, en condición de local.
En Independiente son varios los que creen que el derrumbe no sólo fue consecuencia de fallas estructurales del equipo y de problemas de índole futbolístico, sino que también lo atribuyen al factor anímico. Hay números que dejan en evidencia la fragilidad que mostró el Rojo en ese aspecto. Si se confecciona una tabla de posiciones en la que se contemplan sólo los encuentros disputados de visitante, el conjunto dirigido por Carlos Tevez terminó puntero en la Zona A, con 14 puntos en siete partidos, producto de cuatro triunfos, dos empates y apenas una derrota, con siete goles a favor y tres en contra. Esa campaña arroja un 66,67% de efectividad. En segundo lugar quedó River, con 12 unidades.
Los jugadores se entrenan en Villa Domínico. (Foto: Guillermo Rodriguez Adami)
Muy floja producción de local
La cosecha de Independiente cambia de forma drástica en su estadio, donde acumuló apenas nueve puntos en siete encuentros, producto de dos victorias, tres igualdades y dos caídas, con siete goles a favor y la misma cantidad en contra. La efectividad en casa fue de apenas 42,86%, una cifra que denuncia el gran déficit que el equipo nunca logró corregir. Al Rojo, evidentemente, le pesa la mochila de las responsabilidades. Le cuesta jugar con la obligación de tener que responder y dar la talla ante su público, que este año mostró un apoyo masivo, con un promedio de 40.000 espectadores por partido en el Libertadores de América – Ricardo Bochini.
El entrenador y los futbolistas son conscientes de la falencia y trabajarán para intentar fortalecer al grupo en lo mental. En los últimos días hubo autocrítica por lo sucedido. El desafío para el Rojo será empezar a administrar la presión de una forma más eficiente.
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