Es una movida de riesgo la de Juan Román Riquelme prescindir del central que es suplente, con el colchón de tener a Rojo, Figal, Lema y ahora a Anselmino (desgarrado). El presidente tiene experiencia en esto. Ya pasó con Almendra, Barco (llegaron a ni ponerlo en Reserva, hasta que se resignaron a una cláusula baja para que firmara) y Pavón (problema heredado de la gestión anterior): arriesga con las herramientas que tiene a mano.
En estas historias no hay santos ni demonios, es una etapa de tire y afloje en la que las dos partes pierden. Boca, por no contar con el futbolista, consciente de que ya estamos a mediados de abril y que su posición es desventajosa ante un contrato que está por terminarse: cuando se llega a esta situación, sin resolverse, los clubes saben que mucho dependen de la voluntad de los jugadores para negociar y bajar algunas pretensiones. Y Valentini, por perder ritmo justo en la previa de los Juegos Olímpicos y luego de haber sido convocado por Scaloni: es resignarse a firmar un contrato que no lo satisfaga tanto o aguantar hasta fin de año parado para quedarse con su pase, que es millonario teniendo en cuenta que el defensor central tiene solo 23 años y ya es seguido desde Europa.
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