El gobierno argentino compró una guerra fría en la que nadie más en el mundo cree. El presidente argentino parece aferrarse a una mentalidad propia de la Guerra Fría, buscando enemigos y aliados donde ya no existen divisiones tan marcadas.
En un contexto de marcada multipolaridad, donde no está claro, exactamente, hacia donde va elorden internacional, es cuando la muñeca que delinea la política exterior debe estar más fina quenunca. No obstante, esto no parece estar siendo el caso.
Una mirada sobreideologizada y falta de pragmatismo en materia de política exterior nunca es buena y puede, incluso, llevar consecuencias catastróficas para un país.
De la tercera posición a la tercera vía: política exterior argentina durante los años noventa
El orden internacional liberal surgido a partir de la Segunda Guerra Mundial, y luego consolidadoal final de la Guerra Fría, delineado por los Estados Unidos, se encuentra hoy en una crisisterminal. Esto no quiere decir que Washington aún no sea la primera potencia mundial. Pero si que hoy hay un panorama mucho más complejo, donde distintas potencias emergentes -y no tanto- se muestran dispuestas a discutir el orden internacional.
En este contexto, la pregunta que deberían hacerse en Cancillería es: Para Argentina, hoy, ¿es necesario elegir? Por lo visto, el presidente cree que sí, a tal punto de que el gobierno argentino fue un paso más allá y se comprometió con Washington a cancelar el proyecto de Atucha III, que cuenta con financiamiento chino.
No solo eso, también le puso fin a la construcción del reactor nuclear Carem, no se sabe bien si por pedido expreso de los Washington o para sobreactuar lealtad con sus nuevos amigos.A pesar de contradecirlo en algunas cuestiones, sobre todo, en el tema isaraelí, Javier Milei se muestra como un trumpista convencido en un año electoral donde el expresidente republicano compite contra el actual, el demócrata Joe Biden.
En este contexto, la pregunta que deberían hacerse en Cancillería es: Para Argentina, hoy, ¿es necesario elegir? Por lo visto, el presidente cree que sí, a tal punto de que el gobierno argentino fue un paso más allá y se comprometió con Washington a cancelar el proyecto de Atucha III, que cuenta con financiamiento chino
Esto, no obstante, no afecta el resto de lasvinculaciones entre ambos países y sus funcionarios más importantes. Especialmente, en lo querespecta a cuestiones de seguridad, soberanía y geoestrategia.
La general Laura Richardson, jefa del Comando Sur de Estados Unidos, llegó a Argentina elpasado 2 de abril, con el objetivo de alinear la agenda de defensa de Estados Unidos con elgobierno de Milei. Y se fue habiéndolo logrado con creces.
A tal punto, que el presidente argentino, a la medianoche, en una movida que tuvo más que ver con acomodarse al horario estadounidense que al argentino, anunció la construcción de una base naval conjunta en laPatagonia entre ambos países.
El pasado 20 de marzo, el jefe de la CIA, William Burns, ya se había reunido con altos funcionarios del gobierno, en una visita a Casa Rosada de la que los medios de comunicación se enteraron en el momento.
Trump, ante la historia
Los encuentros fueron con el Jefe de Gabinete, Nicolas Posse, la ministra de Seguridad, Patricia Bullrich, y el titular de la Agencia Federal de Inteligencia (AFI), Silvestre Sívori, y también participó el embajador de los Estados Unidos en la Argentina, Marc Stanley.
Más allá de la cuestión de la lucha contra los grupos criminales que operan en la Triple Frontera, sus supuestos vínculos con Hezbollah y otras organizaciones terroristas, a Burns le preocupa la creciente influencia de China en Argentina y América Latina, así como también, lo que la Casa Blanca y el Pentágono consideran como la continua ofensiva del Kremlin en la tecnología utilizada por los gobiernos democráticos. La preocupación sobre el rol de Beijing, sobre todo, la comparten con Richardson.
Quien se refirió abiertamente a la estación aeroespacial china ubicada en Neuquén: “Con nuestros compañeros argentinos trabajamos en conjunto. Es un país soberano, así que mientras trabajamos con ellos, obviamente, compartimos nuestras preocupaciones acerca de qué tipo de instalación es esa, que no tengan acceso a ella…”
Esto también se encuadra dentro de un fuerte discurso de corte “anticomunista” del presidente.Hace más de tres décadas que el Muro de Berlín cayó y el telón de acero se levantó, marcando elfinal de la Guerra Fría.
En la actualidad, el sistema capitalista es ampliamente aceptado en todo el mundo, con pocos cuestionamientos sobre sus fundamentos.
China, por ejemplo, es un miembro destacado del Fondo Monetario Internacional y tiene fuertes lazos con la Unión Europea, AméricaLatina y los Estados Unidos, lo que demuestra una profunda interdependencia económica.Los líderes que suelen criticar las instituciones multilaterales, como Trump, Viktor Orbán y Marine Le Pen, no se adhieren a una postura comunista, sino que más bien se identifican con tendencias políticas nacionalistas y populistas.
En contraste, la necesidad actual es trabajar hacia un sistemainternacional más equitativo y colaborativo. Lo cierto es que Argentina es un país importante y disputado por las principales potencias, especialmente, por los Estados Unidos y China.
En este contexto, es crucial que nuestra nacióndefienda con firmeza su soberanía y conduzca sus relaciones internacionales en función de susintereses nacionales y su compromiso con la paz y la estabilidad regional. Sin embargo, es igualmente importante no comprometer nuestra verdadera libertad al establecer y mantener nuestras relaciones.
Es fundamental que mantengamos la autonomía y la capacidad de tomar decisiones soberanasque beneficien a nuestro país y a su gente, sin verse influenciados indebidamente por intereses externos.
En este sentido, debemos buscar un equilibrio entre la cooperación internacional y lapreservación de nuestra independencia y autodeterminación como nación. Hoy, todas las medidastomadas por el gobierno, van, justamente, en el sentido opuesto.
Fuente: https://www.lapoliticaonline.com

