Salva: “Las investigaciones básicas que se realizan en muchos institutos de Argentina que dependen del Conicet están en las manos de los becarios que son la base del funcionamiento de la ciencia en el país y en el mundo” / Foto: Prensa.
“Las becas son el primer eslabón del sistema científico, el semillero de la ciencia y la tecnología en Argentina. En todo el mundo hay investigadores que tienen discípulos que hacen los doctorados y que a su vez forman a otros discípulos” Rafael Lajmanovich
Científicos del Conicet que contribuyen con sus, a comprobar losy aadvirtieron que sin becarios “es imposible” seguir investigando ni desarrollando la ciencia en el país.El Directorio del Conicet comunicó días pasados que “en primera instancia están garantizadas 600 becas”, en lugar de las 1.300 anunciadas el año pasado, y 300 becas de finalización de doctorado, en medio del reclamo de la comunidad científica que viene manifestando por la efectivización de todas las asignaciones programadas.”No se puede hacer un proyecto científico sin becarios, es imposible”, afirmó a Télam ela la investigación en biotecnología con impacto en la salud por el proyecto de desarrollo de la primera vacuna contra el Chagas, para el cual trabaja con once becarios/as.Eles una enfermedad endémica de Latinoamérica que tiene distintas vías de transmisión y se estima que hay 10 millones de personas infectadas en el mundo debido a las migraciones, precisó.Si bien el desarrollo de la vacuna también es investigado por equipos en el sur de Estados Unidos, México y Brasil, “el grupo más avanzado es el argentino”, afirmó el investigador del Conicet y del Instituto de Estudios de la Inmunidad Humoral “Profesor Ricardo A. Margni” de la Facultad de Farmacia y Bioquímica de la Universidad de Buenos Aires (FFyB-UBA).”Las becas de Conicet juegan un rol fundamental.Es un proceso natural que ocurre en todo el mundo. Es imprescindible que siga funcionando todo el sistema científico”, remarcó Malchiodi.Gracias a una beca postdoctoral que le otorgó el Conicet en el exterior, Malchiodi aprendió técnicas que en Argentina se desconocían, como el manejo de un equipo muy utilizado por empresas farmacéuticas que “hoy en el país solo se encuentra en la FFyB-UBA. Si no hubiera sido así, las empresas argentinas tendrían que hacer los ensayos fuera del país”, destacó.En el mismo sentido, se expresóEspecialista en Inmunología y Microbiología, la doctora en Ciencias Biológicas trabaja en el Laboratorio de Inmunobiotecnología del Centro de Referencia para Lactobacilos (Cerela) dependiente del Conicet.Allí forma parte del equipo de científicos que desarrollaron “Yogurito”, un yogur con la cepa probiótica “Lactobacillus rhamnosus CRL 1505”, bacteria láctica que aumenta las defensas naturales por estimulación del sistema inmune para “prevenir o afrontar infecciones virales y bacterianas, respiratorias e intestinales”, que hace más de diez años se brinda a través de programas sociales a más de 300 mil niños y niñas “en condiciones de vulnerabilidad y pobreza”, al ser distribuidos en escuelas públicas de Tucumán y de otras provincias, contó Salva a Télam.”El 50% del personal de Cerela son becarios doctorales y postdoctorales -agregó-. Son la base fundamental de todas las investigaciones, representan un eslabón indispensable. Y, hubiese sido imposible para mí participar de un proyecto así si no hubiera tenido en 2006 una beca doctoral”.Y completó Salva: “Las investigaciones básicas que se realizan en muchos institutos de Argentina que dependen del Conicet están en las manos de los becarios que son la base del funcionamiento de la ciencia en el país y en el mundo”.masificando a través de la, gracias a un nuevo convenio público-privado de Conicet.”Los investigadores del Conicet nos dedicamos en forma exclusiva a nuestra principal tarea que es investigar. Sin embargo, para ello debemos conseguir los recursos económicos para poder hacer esas investigaciones, y al mismo tiempo formar recursos humanos, que son profesionales que concursan por becas doctorales. Del fruto de nuestras investigaciones surgen publicaciones en revistas internacionales, por las que somos evaluados periódicamente y están orientadas a solucionar diferentes problemas de nuestra sociedad tanto a nivel regional como nacional”, concluyó Salva.Por su parte,, que también cuenta con becarios, comprobó que los agrotóxicos impactaron en el sistema reproductor y el hígado de dos especies de anfibios (ranas y sapos) que habitan en arroceras de las provincias de Santa Fe y Chaco, estado que da indicios de lo que podría ocurrir en otros animales e, incluso, en el ser humano, precisó.Lajmanovich, que es doctor en Ciencias Naturales,, también comprobó junto a su equipo que los peces sábalos que habitan en la región del tramo inferior del río Salado, en Santa Fe, registraron las concentraciones más altas a nivel mundial de nueve biocidas (insecticidas, herbicidas y fungicidas) de uso masivo en cultivos transgénicos como soja, maíz y algodón y gracias a esto se advirtió que estos peces “no están en condiciones de ser consumidos debido a los altísimos niveles de agrotóxicos en sus cuerpos”., porque hay cuestiones de ciencia básica, de conservación de la naturaleza y ecosistémicas que tienen que ver con el patrimonio natural de un país y es muy difícil que empresas privadas se interesen en conservar la biodiversidad de una región, es una función del Estado”, remarcó el científico.Y concluyó: “Las becas son el primer eslabón del sistema científico, el semillero de la ciencia y la tecnología en Argentina. En todo el mundo hay investigadores que tienen discípulos que hacen los doctorados y que a su vez forman a otros discípulos”.Las becas se aplican para todas las áreas de conocimiento de Conicet: Ciencias Agrarias, de Ingeniería y de Materiales; Ciencias Biológicas y de la Salud; Ciencias Exactas y Naturales; y Ciencias Sociales y Humanidades.. Además la fecha de ingreso estipulada para el 1° de abril pasó a ser el 1° de agosto, con sueldos de miseria”, dijo a Télam el investigador del Conicet e integrante de la Red de Autoridades de Institutos de Ciencia y Tecnología (Raicyt), Jorge Geffner, al remarcar que la tarea del becario es incompatible con otros trabajos.Y contó que “; institutos dependientes del organismo no tienen sus gastos básicos cubiertos; y están pendientes de definición 800 becas postdoctorales”.”La beca doctoral dura cinco años y al finalizarla los profesionales se insertan en la industria, se presentan a la carrera de investigador o para ser profesores universitarios, o se van al exterior”, concluyó.

