Era un partido para reaccionar, decía, esperaba y pretendía Xavi, y fue un partido de continuidad, uno más, en el que nada había cambiado. Y nada podía cambiar con un simple anuncio de futuro que no ejerce ninguna influencia en el presente. Los mismos jugadores, el mismo entrenador, el mismo estadio, un rival reciente… El Barça ganó por inercia, por un arreón de Vitor Roque que mantiene a los de Xavi con pulso, pero sin la reacción esperaba por el técnico azulgrana.
Sus futbolistas saltaron al campo con indiferencia. En toda la primera parte se quedó sin chutar y un Osasuna que rotaba empezó a perder el miedo a los catalanes. El Barça acabó sufriendo pese a jugar con superioridad numérica. Vitor Roque tuvo que autoinvitarse a la fiesta para evitar otra quema en Montjuic. La deseada reacción de Xavi la provocó Vítor Roque, el fichaje más caro de la temporada, el futbolista menos utilizado de la plantilla, el último en llegar. Un minuto pasó entre su aparición en el césped para sustituir a Fermín -el sustituto a su vez de un Ferran que se marchó lesionado entre lágrimas- y el gol que marcó el brasileño al acudir al remate al primer palo.
La puesta en escena del Barcelona, que se suponía que debía ser la de un grupo que le debe algo a su entrenador y que demostrara algo de honor, fue deprimente. Hombres como De Jong o Lewandowski, dos de los que más se autoflagelaron, fueron rémoras para su equipo. Unos jugadores acomodados y que en los días posteriores al anuncio de su técnico se rasgaron las vestiduras diciendo que todo era culpa suya y que habían fallado a su entrenador volvieron a quedar como unos vivales. Únicamente Fermín, que salió por el lesionado Ferran, Cubarsí y Lamine mantenían el nivel más allá de algún intento de remate de Koundé.
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