Ranking mundial de corrupción: Argentina tuvo un pobre desempeño, en qué puesto quedó y por qué

0
63
La Argentina se ubicó en el 98° puesto en el ranking mundial de corrupción, lo que representa un descenso de cuatro puestos en comparación con el relevamiento realizado el año pasado.

El listado a nivel global elaborado por la ONG Transparencia Internacional (TI) mide la percepción de la corrupción que hay en un total de 180 países.

Dentro de esta encuesta la Argentina, que compartió su posición con Etiopía, Zambia, Gambia, Albania y Bielorrusia, obtuvo apenas 37 puntos sobre los 100 como máximo que se les pueden otorgar a las naciones menos corruptas del planeta.

Con respecto a los demás Estados de América Latina, nuestro país quedó ubicado por detrás de Uruguay (16° puesto con 73 unidades); Chile (29° con 66 puntos); y Colombia (87° con 40 unidades).

Sin embargo, al mismo tiempo se posicionó por encima de Brasil (104° con 36 puntos); Bolivia (133° con 29 unidades); y Paraguay (136° con 28 puntos).

El Índice de Percepción de la Corrupción mide, entre otras cosas, cómo perciben la corrupción en el sector público distintos organismos internacionales, consultoras, especialistas y actores del mundo empresario a través de la existencia -o no- de sobornos y la protección legal de denunciantes de casos de casos de coimas o irregularidades.

Corrupción en la Argentina: el análisis de un experto

“La gestión de Alberto Fernández aplasta a la Argentina a los valores de una década atrás, devolviéndola a su paupérrimo promedio histórico en la batalla contra la corrupción”, afirmó Marcelo Bermolén, director del Observatorio de la Calidad Institucional de la Escuela de Gobierno de la Universidad Austral, en un informe al que accedió El Cronista.

Durante el último año de gestión de Alberto Fernández y Cristina Kirchner la Argentina bajó cuatro puestos en el ranking mundial de corrupción y quedó en la 98a. posición.

En este sentido, Bermolén agregó que “Argentina sigue sin contar con una política pública anticorrupción eficaz y eficiente, dando evidencia de ello el desdibujado rol de la Oficina Anticorrupción (OA), que en la práctica sigue sin dar señales de independencia, neutralidad y continuidad jurídica”.

Fuente: https://www.cronista.com/