Al pianista Orlando Goñi, creador intuitivo y genial pero a la vez absolutamente ingobernable, dominado por los excesos, se le atribuye haber sido el “inventor” del sonido de la Orquesta Típica más célebre de la historia del tango: la de Aníbal Troilo. Se cumplen este sábado 110 años de su nacimiento.”Siempre pensé que el sonido de Troilo era un invento de Goñi y de Enrique ´Kicho´ Díaz”, conjeturó Astor Piazzolla, que integró laque el bandoneonistaLano fue la primera, ni la más popular, ni la mejor pagada, pero fue la queLacobra hoy estatura mítica en la narrativa del tango, aunque se encuentra olvidada en los grandes homenajes. No hay dudas sobre sudel tango. Tampoco que su indisciplina obturó su proyección musical.. Su nombre real eraTuvo una instrucción sólida a través de Vicente Scaramuzza, el maestro que también enseñó a Horacio Salgán, Osvaldo Pugliese, Lucio Demare y Marta Argerich.Crónicas no verificadas suelen atribuirle un lugar en la orquesta de Alfredo Calabró, a los 13 años. En cambio hay claridad para asegurar quedeentre más. El “Pulpo del piano”, lo calificó un admirador. “El mariscal del tango”, un cronista de diario El Mundo.Si el piano ya era el eje de la conducción rítmica con claridad en la orquesta de Carlos Di Sarli (1929),se lució con un marcato sobre unaTambién sobresalía con una(notas sueltas sobre el registro medio y grave del piano). Sobre ese esquema el bandoneón desplegaba sus recursos para aportar un fraseo de la melodía que derivaba en un efecto sincopado.. Era un genio de la improvisación pero a la vez, al principio, era el único de la orquesta que llevaba partes escritas. “Con la mano izquierda había un bordoneo y un repique muy especial. Eso quedó en la orquesta. Después los arreglos se hacían en base a eso y a algunos solos de violín”, explicó”Adoraba escucharlo cuando se ponía a tocar unos temas que él decía que le pertenecían hasta que un día descubrí que eran de Alfredo Gobbi. Nunca fuimos amigos y creo que Orlando tampoco los tenía a no ser por un grupo de borrachos que paraban en un boliche cerca del Tibidabo. Había sido alumno de Scaramuzza y tenía unas manos hermosas, como nunca le vi a otro pianista. Fue uno de esos extraños personajes que tenía el tango:lo definió”Lo tuve que reemplazar varias veces en el piano, que yo tocaba mal pero ante la emergencia no quedaba otra. Salía el ómnibus para ir a tocar a algún baile y Orlando no aparecía, estaba mamado en algún bar. Yo hacía ‘Comme il faut´, ´Tinta verde´, unos tangos más y varias milongas y con eso el Gordo salía del paso. Dejó a Troilo antes que yo para formar su orquesta. Escuché un par de temas que había preparado y me parecieron buenísimos. En el piano fue un genio”, agregó.El aporte de Goñi en la Orquesta de Troilo puede reconocerse en tangos como(Agustín Bardi, 1942); en el pulso milonguero de(Carlos Posadas, 1941); en el desenlace de(Sebastián Piana, 1941); en la introducción de(Lucio Demare, 1942), seguida por el fraseo del bandoneón en la repetición de la parte A; o en(Peregrino Paulos hijo y Luis Rubinstein), uno de los hitos de la orquesta de “Pichuco”, con arreglo de Piazzolla.Goñi fue centro de conflictos para la orquesta.Baralis recordaba que los compañeros le habían pedido que, en confianza, les adelantara sus ausencias para ahorrarles un viaje inútil al cabaret. Un mediodía de 1943, al termino de una faena en radio El Mundo, les adelantó su faltazo. Pero esa noche Troilo se apareció en la puerta de Tibidabo acompañado por un escribano, documentó el suceso y al día siguiente despidió a Goñi y a todos los ausentes.El gesto empujó a. Debutó elen el. Despertó enorme expectativa, pero la formaciónsintetizó su trascendencia: “Sería injusto para la valoración de otros ejecutantes afirmar que, interpretativamente, fue el mayor pianista de su género. Pero también sería difícil demostrar lo contrario”.El cantorque dejó la orquesta de Troilo en 1944, fue parte de la aventura de Goñi, pero no toleró ni un mes los desplantes del director y rápidamente tomó un nuevo rumbo.Orlando Cayetano Goñi. Porque, acaso, la libertad sólo puede encontrar su verdadera posibilidad de expansión a partir de su roce con normas y patrones. A la vez que conducía desde el piano, era el eslabón más libre.

