Pero después pasó lo que pasó. Aquel equipo se fue marchitando, al compás de algunos recambios poco felices; perdió a Copetti y Alcaraz, hizo apuestas desafortunadas por jugadores como el chileno Opazo, el legendario Paolo Guerrero y un querido hijo del club, Maxi Moralez. Sufrió prolongadas lesiones de dos figuras desequilibrantes, como Vecchio y Carbonero.
Los reemplazos se alejaban de la jerarquía de los reemplazados o llegaban tarde, en bajo estado de forma, con los procesos ya empezados. En el camino también perdería a Matías Rojas y al prometedor zaguero Avilés. A Víctor Blanco se le reprocharon mucho esos mercados. Las virtudes de equilibrio en las cuentas y austeridad en los gastos devenían críticas a medida que el equipo languidecía.
Blanco se puso ayer a la cabeza de una hilera de seis refuerzos que devuelven a la Acadé a la conversación; a ellos se suma Germán Conti y se anuncia que aún no se retiran de la feria de compraventa. Invirtió nueve millones de dólares, bastante menos de lo que le entra solo por las ventas de Aníbal Moreno y Trapito Ojeda, y jerarquizó el plantel al punto de decir, bien arriba, que lo prefiere al de cualquier otro (alusión por elevación a Boca y River); que con Juanfer Quintero tiene al mejor jugador del país; que abunda en jugadores de Selección, y que es el favorito para ganar la Sudamericana.
La ilusión está encendida, otra vez.
Conti, en su paso por América MG de Brasil. Un valioso aporte (EFE / Yuri Edmundo).
Juanfer Quintero, para el presi, el mejor jugador de nuestra liga.
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