Con la eterna sonrisa en su rostro surcado por el paso del tiempo, con pasos lentos, pero siempre de pie, sostenida por un corazón que desborda de sencillez, humildad y amor por los niños, “Mamá Petro”, cumplió ya sus 90 años.
Su mente transita tantos vívidos recuerdos, que se remontan a aquel lejano 1969, cuando con temor e incertidumbre llegaba a pedir ayuda a la guardería infantil, sin pensar tal vez, que con el paso de los años, se transformaría en su tan amado hogar donde Petrona Lozano, con justicia llamada “Mamá Petro”, continuaría esa siembra profunda en el corazón de los niños que suma ya 55 años.
Un antiguo axioma reza “la causa de la causa, es causa de lo causado”, y bien se aplica a esta gran mujer que supo darle vuelta al destino, dando amor, ese que no pudo recibir de sus verdaderos padres porque su madre murió al momento de dar a luz.
Por eso, se propuso ser un poco mamá de tantos niños que pasaban difíciles situaciones de vida y ayudar a madres y padres solos que encontraron en ella un remanso para sus dificultades.
Muchos niños que pasaron por la guardería en tiempos de “Mamá Petro” se llevaron lo mejor que les pudo dar, enseñanzas de vida y de valores morales, éticos y cristianos, además de un plato de comida caliente, o una taza de mate cocido con pan casero que ella preparaba con tanta dedicación.
Los vio crecer, ser adolescentes con todas sus circunstancias y los sostuvo en todas sus situaciones. Los vio estudiar y recibirse hasta convertirse en personas de bien, a otros que no tuvieron tantas oportunidades, incluso los sigue recordando con gran cariño.
Su premisa fue precisamente esa, hacer el bien y ayudar al prójimo, poniendo su labor de cada día al amparo de Dios y en bien de los niños.
INSPIRADORA | “DOY GRACIAS A DIOS POR EL PRIVILEGIO DE VER CRECER A TANTOS CHICOS”, SOSTIENE PETRONA LOZANO.
Petrona Lozano nació en Arrayanal. Su madre murió al momento de traerla a la vida. No conoció a sus padres, pero tuvo el amor incondicional de Demetrio Lozano y Pastora Llanes, quienes la adoptaron y le inculcaron a temprana edad todos los valores necesarios para enfrentar la vida. Dada la situación crítica de su familia de adopción, a los ocho años, la entregaron a la familia Mikelsen de la localidad de La Esperanza, donde colaboraba con las tareas del hogar, siendo muy apreciada y respetada.
De su infancia, aún quedan en sus recuerdos a su estimada Viviana Mikelsen, hija de la familia y a sus entrañables amigos Canán y Pipo, un caballo y un perro que fueron leales compañeros.
A los 18 años salió de aquella casa en busca de los nuevos caminos que la vida le depararía, entre ellos, las dificultades que supo enfrentar desde la humildad y el servicio. Se casó y tuvo cuatro hijos, Ramón Aníbal, Eduardo Cristóbal, Doris Nely y Jesús Rafael, pero por esas cosas del destino se quedó sola a cargo de sus niños.
Tuvo que salir a trabajar con la dificultad de no saber con quién dejar a sus hijos hasta que logró contactarse con la directora de la recientemente creada guardería “Don Bosco”, Adela Baiud de Balduín, quien la recibió para sumar manos al servicio a los niños, lo que realizó ad honorem, tan sólo por la necesidad de que a sus hijos no les faltara un plato de comida y poder tenerlos junto a ella.
A Petrona Lozano le gustaba cantar, lo hacía con gran emoción y cierto día fue invitada a la casa de Yolanda de Cano, donde conoció al entonces intendente municipal, José Ramón Diez del Valle, quien había observado el trabajo que desarrollaba con los niños.
Al enterarse que no recibía remuneración alguna, citó a la directora de la guardería y le comunicó que a partir del 9 de octubre de 1976 Lozano trabajaría en la guardería como empleada dependiente de la Municipalidad de San Pedro de Jujuy.
Y con los años llegó el tiempo de la jubilación pero sólo en los papeles. Luego de tantos años luego de su jubileo, la “Mama Petro” no cesó en la siembra de amor realizada a lo largo de su vida y con esa continuidad que hace que el amor no se jubile. “Mis niños me necesitan, ellos me dan vida, por eso aquí me quiero quedar para servir”, es lo que expresó cuando le llegó su tiempo de retiro de la actividad, y así lo hizo hasta este presente que tiene el privilegio de tenerla.
Y todo lo que se da de corazón regresa con el tiempo y entonces pudo ver a sus niños ya jóvenes, volver a la guardería para sumarse al servicio en bien de los niños que siempre habitaron ese lugar. Y también se sumaron las constantes donaciones de todo tipo que siempre solicitaba y recibía para que a sus chicos no les faltara nada como golosinas, ropa, útiles, juguetes y todo aquello que pudiera ser de utilidad para sus pequeños.
Hoy a sus 90 años, “Mamá Petro” sigue agradecida por este don. “Doy gracias a Dios por el privilegio de ver crecer a tantos chicos que pasaron por aquí y se convirtieron, muchos de ellos, en mujeres y hombres de bien”.
Petrona Lozano fue y sigue siendo una luchadora incansable, un corazón sencillo que habita en este mundo para cumplir la misión de dar amor. No ostenta títulos y aunque las autoridades aún tienen una materia pendiente de gratitud hacia ella, para los sampedreños y en particular para quienes compartieron su infancia a su lado y fueron prodigados de tanto amor y cuidados, es sin dudas ciudadana ilustre de la ciudad, deuda que aún tiene el Concejo Deliberante.

