Rashid Johnson, conocido por sus complejas obras llenas de emociones y significados profundos, fue testigo de una serie de eventos que marcaron su vida y su carrera.
Desde el impacto de la tragedia del Challenger, en 1986, hasta los disturbios provocados por la brutalidad policial contra Rodney King en 1991, Johnson ha canalizado sus experiencias personales y la ansiedad colectiva de su comunidad en su arte, logrando reconocimiento mundial.
Por estos días, con una gran retrospectiva en el Guggenheim de Nueva York, su carrera refleja no solo su habilidad técnica, sino también su capacidad de hablar sobre la ansiedad, la identidad negra y el ser humano en un mundo turbulento.
Los primeros impactos: la ansiedad en la juventud
Un recuerdo fundamental para Johnson es el fatídico 28 de enero de 1986, cuando la explosión del transbordador Challenger dejó una marca indeleble en su mente de niño.
“Recuerdo cómo eso afectó mi forma de pensar, reconocer que el fracaso era posible incluso entre los adultos, entre aquellos en los que se suponía que debíamos confiar”, comenta en diálogo con Time.
Este evento, junto con otros momentos de injusticia y frustración, como la brutalidad policial contra Rodney King y los disturbios en Los Ángeles en 1991, ayudaron a formar una visión del mundo marcada por la ansiedad y la frustración frente a lo que él veía como decisiones colectivas profundamente injustas.
“Yo era un niño ansioso”, dice Johnson, al reflexionar sobre cómo estos sucesos influenciaron su percepción del mundo. La ansiedad, sin embargo, no solo le resultó un desafío, sino que también se convirtió en un motor creativo, un tema recurrente en su obra, que explora lo que significa sentirse inestable, desconectado y, sobre todo, vulnerable.
“Bruise Painting – Sodade”, de Rashid Johnson
El arte como refugio
El arte de Johnson abarca una variedad de medios, desde la pintura y la escultura hasta el cine y la fotografía. Sin embargo, una de sus figuras más emblemáticas es el Hombre Ansioso (Anxious Man), un personaje cuadrado con ojos en espiral y una boca garabateada que, desde su creación en 2014, ha encarnado la angustia y el malestar tanto personal como colectivo.
Esta figura se volvió especialmente relevante durante las protestas del movimiento Black Lives Matter y más tarde, en medio de la pandemia, cuando la ansiedad colectiva aumentó a raíz de las tensiones sociales y políticas.
El Hombre Ansioso ha alcanzado un estatus icónico comparable al de otras figuras legendarias del arte contemporáneo, como el Radiant Baby de Keith Haring o la corona de Jean-Michel Basquiat.
Sin embargo, la obra de Johnson no se limita solo a la ansiedad; también es un testimonio de la belleza, la esperanza y la lucha. Sus piezas, aunque cargadas de un profundo sentido de foreboding (presagio), también están impregnadas de humor y exuberancia.
Cada una de sus creaciones invita a una reflexión compleja sobre la identidad, la raza, y la masculinidad, combinando técnicas y materiales que van desde lo convencional hasta lo experimental.
La vida más allá de la ansiedad
Hoy, a sus 47 años, Johnson ha encontrado maneras de manejar su ansiedad. Además de ser extremadamente puntual y practicar ejercicio diario, sigue una rutina que incluye visitas a los baños rusos y asistencia regular a reuniones de Alcohólicos Anónimos.
El arte sigue siendo su principal vía de escape y gestión emocional, y sus series de Anxious Men, Broken Men, Bruise Paintings y Surrender Paintings son ejemplos claros de cómo se enfrenta a sus propias inseguridades y ansiedades.
Aunque en sus primeras obras la ansiedad era representada de una forma casi cómica o exagerada, más recientemente, con la llegada de la pandemia y los asesinatos como el de George Floyd, su trabajo se ha transformado en una representación de la ansiedad colectiva.
El Hombre Ansioso ahora es un símbolo de una sociedad que lucha por encontrar estabilidad en medio de la crisis.
“The Broken Five”, de Rashid Johnson
Reconocimiento y éxito internacional
Rashid Johnson ha sido afortunado en términos de apoyo tanto comercial como crítico. Su carrera despegó cuando, en 2001, Thelma Golden incluyó sus fotografías en la exposición Freestyle en el Studio Museum de Harlem.
Desde entonces, ha exhibido su trabajo en algunas de las galerías más prestigiosas del mundo y ha recibido el apoyo de importantes coleccionistas internacionales. Su éxito se reflejó en una reciente venta de su tríptico de la serie Anxious Men por 2,7 millones de dólares en Christie’s.
Este éxito comercial no ha venido acompañado de una sensación de obligación hacia el mercado del arte. Como Johnson señala, “No tengo que alimentar esa creación de riqueza”, refiriéndose a la presión de algunos artistas de ajustarse a las demandas del mercado.
En lugar de eso, continúa creando con la libertad de explorar sus propios intereses y emociones, como lo demuestra el uso de materiales personales como la manteca de karité, un elemento que tiene un significado cultural y práctico profundo en su vida.
Un legado de influencia
Además de su éxito en las galerías y museos, Johnson ha contribuido significativamente al reconocimiento de otros artistas negros. En colaboración con su galerista David Kordansky, ha trabajado para resucitar las carreras de artistas como Sam Gilliam.
Esta generosidad no se limita a sus contemporáneos; su trabajo y visibilidad han ayudado a dar espacio a nuevas generaciones de artistas que, como él, buscan redefinir las narrativas del arte contemporáneo.
La exposición que Johnson tendrá en el Guggenheim, Rashid Johnson: A Poem for Deep Thinkers (Rashid Johnson: Un poema para pensadores profundos) representa una especie de regreso a casa, ya que fue miembro de la junta del museo hasta 2023.
Esta muestra será una oportunidad para reflexionar sobre su carrera, ver cómo ha evolucionado y mostrar las muchas facetas de su obra, desde sus primeras exploraciones fotográficas hasta sus más recientes pinturas Quiet Paintings, que son una vuelta a los temas del Cosmic Slops, de 2008.
El impacto de Rashid Johnson redefine narrativas para el arte contemporáneo en museos y galerías (Kristin Callahan/Ace Pictures/ZUMA Wire)
Rashid Johnson ha forjado un camino único dentro del arte contemporáneo, equilibrando la ansiedad y la belleza, lo personal y lo colectivo. Su obra continúa siendo un espejo de las emociones humanas más profundas y una crítica al mundo que nos rodea.
Con el Guggenheim como el próximo capítulo de su ya notable carrera, Johnson sigue demostrando que, aunque la ansiedad sea una constante, la posibilidad de transformación a través del arte siempre está al alcance de aquellos dispuestos a explorar las profundidades de su ser.