“El olvido es una casa vacía y absurda, habitada por sombras que murmuran. Si hago memoria hago esperanza. Hago justicia. Si hago memoria aprendo y enseño. Si hacemos memoria el miedo se desdibuja, la soledad se extingue… La memoria es una casa donde cabemos todos”.
Liliana Bodoc
Hoy, 2 de abril, Día del Veterano y los Caídos en la Guerra de Malvinas es una ocasión especial para revisar los sentidos de esta fecha en la escuela y en la sociedad. La guerra de Malvinas tuvo lugar en nuestro país, en el contexto de la última dictadura militar. Este conflicto armado duró más de 2 meses y finalizó con la rendición de las tropas argentinas frente a las de Gran Bretaña. Por este motivo cada 2 de abril recordamos y reconocemos el sacrificio, el coraje y el compromiso de los veteranos que dieron su vida allá por 1982 cuando, en medio de una profunda crisis social y económica, Argentina reclamó la soberanía de las islas. El objetivo de esta fecha es valorar el rol social de los combatientes, sus acciones y sus luchas por una causa justa, el reconocimiento a sus actos de entrega y valentía en esta guerra como verdaderos protagonistas de una parte de nuestra historia.
La causa Malvinas es un deseo de soberanía permanente en el tiempo y forma parte del currículo de contenidos obligatorios en el sistema educativo argentino. Es importante visibilizar la historia reciente de la sociedad ya que uno de los propósitos de la escuela es la formación de los estudiantes en el ejercicio de ciudadanía.
La enseñanza de la Guerra de Malvinas en nuestras aulas supone un desafío complejo que involucra dimensiones históricas, políticas y también emocionales. Se trata de un conflicto que sigue vivo en nuestra memoria colectiva, con repercusiones que trascienden lo académico y se entrelazan con la construcción de la identidad nacional y la ciudadanía democrática. En este sentido, abordar esta temática implica transmitir conocimientos históricos precisos y promover la reflexión crítica sobre el pasado reciente y sus efectos en el presente y el futuro.
Una fecha que nos convoca a reflexionar sobre nuestra identidad nacional, tarea colectiva que se construye cotidianamente. En nuestras aulas uno de los principales retos radica en la necesidad de ofrecer una enseñanza superadora de las narrativas simplificadas, un trabajo que debe procurar un equilibrio para reconocer la injusticia histórica de la usurpación británica de las islas, las condiciones en que se desarrolló la guerra, y sus consecuencias, incluyendo el impacto que esto tuvo en los excombatientes y la sociedad en su conjunto.
En el contexto de la formación de nuevas ciudadanías democráticas, la enseñanza de lo acontecido en Malvinas se vincula con valores fundamentales como la memoria, la soberanía, los derechos humanos y la resolución pacífica de los conflictos. Necesitamos proporcionar herramientas para que los niños y jóvenes comprendan la importancia de los reclamos diplomáticos y el respeto al derecho internacional y, al mismo tiempo, generar instancias de diálogo que fomenten la construcción de una identidad nacional alejada de posturas belicistas.
Esta temática puede ser una oportunidad para trabajar valores como la tolerancia, el respeto, la comunicación asertiva y la no violencia a través de actividades y situaciones de aprendizaje en las que los niños pueden reflexionar sobre la importancia de resolver conflictos de manera pacífica, respetando las diferencias, comprendiendo que el diálogo es la mejor herramienta para la convivencia.
La construcción de un futuro basado en el respeto implica reforzar el compromiso con la democracia y la paz, donde todos los ciudadanos sean capaces de reflexionar sobre el pasado y puedan comprender la complejidad de los conflictos. Se trata de una tarea que tiene como propósito la construcción de una ciudadanía democrática, donde se gestionan y habilitan espacios de reflexión. No es una fecha conmemorativa más; resulta un eje fundamental para la construcción de un futuro basado en el respeto donde, una vez más, lo histórico se trata, respetando los hechos, poniendo de relieve los valores que se quieren transmitir.
Para dar sentido a nuestra historia debemos destacar el valor de la memoria como un acto de justicia y aprendizaje colectivo. Enseñar en las escuelas que “las Malvinas son argentinas” supone un encuentro permanente con las memorias populares. Por ejemplo, mediante la indagación de los espacios de memoria que tienen la particularidad de mostrar y simbolizar acontecimientos que hacen a la identidad de una comunidad: monumentos, canciones, obras literarias, entre otros, que reflejan y expresan los modos de preservar y transmitir el recuerdo de los caídos y la lucha posterior por el reconocimiento social de quienes sobrevivieron.
Recordar nos permite aprender de los errores del pasado y honrar a quienes fueron silenciados. La memoria es y será ese espacio de encuentro, identidad y pertenencia, donde cada uno tiene su lugar.